FedEx ha encargado 2.000 vehículos de reparto eléctricos a Harbinger, fabricante californiano especializado en furgones y camiones de reparto eléctricos e híbridos enchufables, para sustituir a otros tantos modelos diésel en su flota de Estados Unidos y Canadá. Según la cifra que ha dado a conocer el propio fabricante, la operación permitirá a la mayor empresa de transporte urgente del mundo ahorrar unos 800 millones de dólares en combustible, alrededor de 710,5 millones de euros, a lo largo de los próximos 20 años.

Conviene precisar el alcance de ese dato. Es una estimación del proveedor, calculada para el conjunto de la flota y en un horizonte de dos décadas, no un ahorro inmediato. Desglosada por años, la cifra equivale a unos 40 millones de dólares anuales, unos 35,5 millones de euros, solo en gasto de combustible, una cantidad relevante para cualquier operador pero que representa una fracción pequeña de la estructura de costes de un grupo del tamaño de FedEx.

Los vehículos se entregarán en su totalidad durante los próximos 18 meses. No es la primera compra de la compañía a Harbinger, porque FedEx ya adquirió algunas unidades de este tipo el año pasado, de modo que el nuevo pedido amplía una relación comercial ya iniciada y convierte lo que era una prueba a pequeña escala en un despliegue de dimensión industrial. El fabricante los ofrece en varios tamaños, con una distancia entre ejes de hasta 5,28 metros, mayor que la de los furgones eléctricos que Rivian fabrica para Amazon, con un motor eléctrico de 440 caballos y un paquete de baterías modular.

Las prestaciones que declara Harbinger están pensadas para la operativa de reparto. La autonomía llega hasta 210 millas, unos 338 kilómetros, suficiente para rutas urbanas y periurbanas con regreso diario a la base, y la recarga rápida permite pasar del 20% al 80% de la batería en menos de una hora. Ese perfil de uso, con trayectos previsibles y recarga en las instalaciones propias, es precisamente el que mejor encaja con la tecnología actual de baterías, frente a los recorridos de larga distancia donde la electrificación sigue encontrando más obstáculos de infraestructura.

El beneficio ambiental que acompaña al ahorro económico es el segundo argumento de la operación. Harbinger calcula que los 2.000 vehículos evitarán más de 1,7 millones de toneladas de CO2 durante esos 20 años, una cifra que, como la anterior, depende de la vida útil prevista y de las condiciones reales de explotación.

El pedido confirma que la electrificación del reparto ya no es patrimonio de Amazon y Tesla. La presión de los costes del combustible, la exigencia creciente de reducir emisiones y la madurez de los vehículos para recorridos urbanos están empujando a los grandes integradores a comprar cientos o miles de unidades de una vez, un movimiento que en Europa se observa también en operadores de paquetería que renuevan sus flotas de última milla, aunque el segmento pesado de largo recorrido siga, por ahora, bastante más lento.

Carlos Zubialde

contacto@informacionlogistica.com