El tejido empresarial español descansa de forma estructural sobre las pymes: 2,9 millones de empresas que representan el 99,8% del total, generan cerca del 65% del PIB nacional y sostienen alrededor del 72% del empleo privado del país, según cifras de Cargoboard, plataforma europea de transporte de mercancías, con motivo del Día de las Microempresas y las Pequeñas y Medianas Empresas. Detrás de esos datos agregados hay una realidad operativa más incómoda: una parte significativa de ese tejido sigue gestionando funciones logísticas clave de forma fragmentada y sin herramientas digitales adaptadas a su escala.

El dato de referencia lo aporta el último informe de digitalización de pymes del Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad, el ONTSI, según el cual solo el 61,4% de las empresas españolas con diez o más empleados alcanza al menos un grado básico de digitalización. La cifra sitúa a España lejos del objetivo europeo, que aspira a superar el 90% en 2030, y refleja una velocidad de adopción desigual dentro del propio tejido empresarial, con brechas que se amplían a medida que se reduce el tamaño de la empresa.

La logística es uno de los ámbitos donde esa brecha tiene consecuencias más directas sobre la competitividad. El crecimiento del comercio electrónico ha elevado las expectativas de servicio en plazos, trazabilidad y comunicación con el cliente final, y lo ha hecho de forma transversal, con independencia del tamaño del vendedor. Según el INE, el 26,6% de las empresas de diez o más empleados realizó ventas por comercio electrónico en 2024, con un volumen de negocio de 399.368 millones de euros. Para una pyme que vende online, la operativa logística ya no es un proceso interno sino parte visible de la experiencia de compra, y cualquier fallo en ese tramo afecta directamente a la reputación de la marca.

El problema no es exclusivamente de presupuesto. La falta de tiempo para evaluar y adoptar nuevas herramientas, la escasez de soluciones diseñadas específicamente para volúmenes medios y bajos, y la gestión fragmentada entre varios proveedores sin visibilidad centralizada son factores que perpetúan una operativa logística que en muchos casos no ha evolucionado al mismo ritmo que el canal de ventas. El resultado es que muchas pymes compiten en mercados donde el cliente espera seguimiento en tiempo real y plazos predecibles, pero gestionan sus envíos con herramientas pensadas para otra época.

La cuestión de fondo es si la digitalización logística para pymes puede recorrer en pocos años la distancia que separa su situación actual de lo que las grandes corporaciones llevan una década construyendo, y si las plataformas tecnológicas disponibles hoy son capaces de simplificar esa transición lo suficiente como para que una empresa con recursos limitados pueda acometerla sin destinar a ello un equipo dedicado. Las cifras del sector sugieren que el mercado es lo bastante grande como para que la respuesta importe.

Carlos Zubialde

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