Hay una época del año en la que las conversaciones entre cargadores y transportistas se vuelven casi idénticas. Se repasan previsiones, se llama a los proveedores de siempre, se intenta adivinar dónde saltará el primer problema para poder solucionarlo. Todo parece bajo control hasta que algo se tuerce, como una ruta que necesita más camiones de los calculados, un transportista fiable no tiene disponibilidad, o llegan cargas que nadie había planificado.
Y ahí surge la pregunta de siempre: ¿de dónde sacamos capacidad? ¿De dónde sacamos más camiones?
No me parece una situación excepcional, porque se da cada año y hemos interiorizado que esto es parte del funcionamiento normal del transporte actual. Contar con buenos transportistas no equivale a contar con capacidad infinita: un proveedor impecable durante once meses puede no tener un solo vehículo libre cuando la demanda se amontona en unas pocas rutas, y eso no lo convierte en peor proveedor. Simplemente, la capacidad tiene techo. La disponibilidad está siendo uno de los factores clave del transporte en la actualidad.
Esto también ha impactado y cambiado el papel del mercado spot. Durante años, acudir a una bolsa de cargas se vivía con dos sensaciones diferenciadas: la primera, casi como una derrota, el último recurso cuando nada más había funcionado; la segunda, con la tranquilidad de saber que era como una red de seguridad donde siempre había disponibilidad, la última carta a jugar, pero siempre segura.
Hoy encaja mejor como una pieza más de la estrategia de capacidad, no para sustituir a los transportistas con los que se trabaja a largo plazo, sino para que esa relación pueda convivir con cierto margen de flexibilidad.
El problema aparece cuando todos buscan capacidad al mismo tiempo.
En condiciones normales, localizar un transportista para una ruta suele ser cuestión de relativamente poco tiempo. El escenario se complica cuando muchas empresas necesitan lo mismo a la vez. Entonces empiezan a pesar variables que el resto del año pasan inadvertidas, desde la disponibilidad de conductores hasta la concentración de ciertos flujos, los kilómetros que un transportista debe recorrer en vacío para posicionarse o, sencillamente, que en esa ruta haya más demanda que oferta, algo que cada vez sucede con mayor frecuencia.
La falta de conductores, además, agrava el cuadro, añadiendo una capa mayor de complicación a las operaciones de transporte. Es un problema europeo que lleva años acumulándose y que no se va a resolver a corto plazo, así que plantear la gestión de capacidad solo como una carrera por sumar proveedores es quedarse corto, muy corto. También importa la rapidez con la que se puede acceder a la capacidad que ya existe en el mercado, y ahí la tecnología empieza a tener sentido.
De las llamadas telefónicas a una red de capacidad
Quien haya gestionado transporte sabe que buscar un camión no se reduce a publicar una carga. Hay que localizar a alguien disponible, comprobar que encaja con la operación, conocer sus condiciones, negociar si toca y asegurarse de que es un colaborador fiable. Si todo eso se hace a mano, cada necesidad nueva consume un tiempo que, en plena tensión, un equipo de tráfico no tiene.
Por eso es interesante observar la evolución de las plataformas digitales de transporte. Una bolsa de cargas puede ser bastante más que un tablón donde colgar lo que no sabemos cubrir: puede funcionar como puerta de acceso a una red de capacidad mucho más amplia, siempre que exista información suficiente para trabajar con ella con un mínimo de confianza. Porque con la capacidad adicional, la clave no es solo cuántos transportistas hay disponibles, sino qué sabemos de ellos y en cuánto tiempo podemos incorporarlos a una operación. El valor de una red grande está en poder recurrir a ella cuando los recursos habituales no cubren las necesidades de transporte.
Prepararse para el pico antes de que llegue
Hay otro aspecto que a veces se pierde en las conversaciones sobre temporada alta, la planificación. SE habla, mucho, de planificación, pero cuando llega el momento, sucede que nadie sabe con exactitud qué carga tendrá dentro de tres semanas ni qué transportista tendrá un camión libre en una zona concreta. Solo se conocen datos generales de la campaña.
Pero sí se pueden trabajar escenarios. ¿Qué pasa si una ruta crece un 15%? ¿Y si uno de los proveedores principales no puede con el volumen previsto? ¿Cuánto se tarda en encontrar alternativas y cuántas personas hacen falta para lograrlo?
Son preguntas sencillas, entraríamos en el campo de la predicción de la demanda, Una empresa puede tener una planificación excelente para un escenario estable y necesitar horas y decenas de llamadas cuando cambia una sola variable. Otra, con una estructura aparentemente menos afinada, puede tener acceso inmediato a una red mucho mayor. En los momentos de presión, esa diferencia es más que notable, y por eso convence cada vez menos la idea de que ser eficiente consiste en reducir al máximo el número de proveedores. Hay que equilibrar consolidar relaciones y conservar alternativas para reaccionar, en caso contrario, se corre el riesgo de no poder atender plenamente la campaña.
La bolsa de cargas como red de seguridad
En este contexto, lo que proponen las bolsas de carga se ajusta a lo que los clientes pueden requerir, entre las cuales podemos destacar la solución que ofrece CargoON. Su valor no está solo en buscar un transportista para una carga puntual, sino en combinar la red habitual del cargador con el acceso al mercado spot, de modo que exista una capa adicional de capacidad cuando la primera no alcanza.
CargoON forma parte del ecosistema Trans.eu y da acceso a una red de unas 43.000 empresas de transporte verificadas en Europa, con herramientas para automatizar la asignación de cargas y trabajar tanto con transportistas bajo contrato como con capacidad spot. Conviene ser realista: una plataforma no resuelve por sí sola la falta de vehículos, y si en una semana concreta escasean camiones en un corredor, el problema de mercado seguirá ahí. Lo que sí puede mejorar es la capacidad de reacción del cargador, y en ciertos momentos del año eso marca una diferencia considerable.
Cuando llega la temporada alta, se concentra la demanda o surge una incidencia inesperada, tener la alternativa preparada vale mucho más que descubrir en ese instante que hacía falta. Al final, la cuestión no es elegir entre contratos o mercado spot, ni entre relaciones personales o tecnología. La gestión de capacidad va a consistir cada vez más en combinar todas esas herramientas con criterio. Los transportistas de confianza seguirán siendo esenciales, pero también lo será disponer de una red lo bastante amplia para cuando su capacidad no llegue. Y quizá esa sea la mejor definición de resiliencia en el transporte, no evitar que aparezcan los problemas, sino saber reaccionar cuando aparecen.
Carlos Zubialde
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