El reparto urbano tiene un problema de espacio antes que de kilómetros, una realidad diaria a la que se enfrentan miles de repartidores en cualquier ciudad de España. Una furgoneta que no encuentra sitio da vueltas, para en doble fila o bloquea un carril, y multiplicado por el crecimiento del comercio electrónico eso presiona sobre unas zonas de carga y descarga que, en la mayoría de ciudades, se gestionan con criterios fijos.

El proyecto Smart-Bays, liderado por ALIA, el Clúster de Logística de Aragón, con 15 entidades entre centros tecnológicos, universidad, clústeres y empresas, propone cambiar esa lógica con una herramienta digital para que los ayuntamientos asignen estos espacios de forma flexible y en tiempo real.

La herramienta combina algoritmos de optimización con un gemelo digital que analiza la demanda, el horario y las necesidades reales de una operación en una ciudad concreta. Sobre esa base se apoyan tecnologías como la inteligencia artificial, el big data, el internet de las cosas y el blockchain dentro de un sistema unificado. Según sus promotores, lo que la distingue de otros modelos, más estáticos y poco adaptativos, es que considera a la vez variables operativas, medioambientales y económicas, lo que permite optimizar eficiencia y sostenibilidad al mismo tiempo.

Smart-Bays se ha puesto a prueba mediante simulaciones, entre ellas la de Madrid, a las que se han sumado ensayos en Zaragoza, Donostia-San Sebastián, Sevilla, Málaga, Valencia y Vitoria-Gasteiz. Los promotores atribuyen a esos ensayos repartos más eficientes y previsibles, menos tiempo de búsqueda de aparcamiento, menos paradas en doble fila y costes operativos más bajos en el último tramo. Para la ciudad, mencionan calles menos congestionadas, menos emisiones y ruido, y más seguridad para peatones y ciclistas.

Son beneficios observados en simulación y ensayo, no en una operación a escala. El propio proyecto reconoce que ha completado una primera campaña de recogida de datos de operación real y que esos datos aún se están analizando. Ese será el momento de comprobar si el gemelo digital reproduce lo que ocurre en una calle con sus imprevistos, que son los que en la práctica condicionan una ventana de descarga.

La inversión asciende a 816.239 euros, financiados dentro del Programa de Apoyo a Agrupaciones Empresariales Innovadoras del Ministerio de Industria y Turismo. El objetivo declarado es que el modelo sea escalable y replicable en otras ciudades europeas, en un contexto marcado por el objetivo de ciudades climáticamente neutras en 2030. Ángel Gil, director general de ALIA, lo plantea como un asunto de fondo: el reparto en zonas urbanas es un componente crítico tanto de la sostenibilidad de las ciudades como de la eficiencia de la distribución.

Hay un segundo propósito menos visible como es abordar la brecha digital. El proyecto señala la gran heterogeneidad del sector, con grandes compañías que avanzan en la integración de herramientas y una parte importante de autónomos y pymes que van con más demora o que carecen de soluciones para un reparto eficiente. Una herramienta que depende de datos compartidos por quienes reparten solo funcionará si esos datos llegan también desde los operadores pequeños.

Para el sector, lo que puede ser diferencial es conocer qué cambiaría el día que su ayuntamiento adopte un sistema así. Probablemente pasaría por reservar o asignar plazas con antelación, aportar datos de operación y ajustar horarios a lo que el sistema ofrezca. Prepararse para ello, con sistemas que registren con fiabilidad cuándo y dónde se descarga, dejará a las empresas mejor situadas cuando esa regulación llegue, y plantea una cuestión abierta, la de quién decide la prioridad cuando varios operadores necesitan la misma plaza a la misma hora.

Carlos Zubialde

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