El mercado mundial del gasóleo seguirá tensionado al menos hasta la segunda mitad de 2027, y para las empresas de transporte el problema ya no se limita al precio. Un informe de la organización internacional del transporte por carretera IRU, que recoge las previsiones de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), advierte de que garantizar el suministro de combustible y proteger el flujo de caja se han convertido en dos desafíos distintos, que exigen respuestas diferentes.
El origen del problema está en el refino, ya que la oferta mundial de diésel sigue restringida por los conflictos en Oriente Medio y por la pérdida de capacidad de las refinerías rusas, donde entre el 40% y el 50% de la capacidad está fuera de servicio por daños en las infraestructuras, según el informe. A esa escasez de producto se suma el encarecimiento del transporte marítimo, ya que los buques que rodean África para evitar las zonas de conflicto han duplicado los tiempos de travesía y han multiplicado por diez el coste del flete de crudo y derivados.
El margen de maniobra es escaso porque las reservas están en mínimos. Los inventarios terrestres mundiales y las reservas estratégicas de los países de la OCDE han caído a sus niveles más bajos en años, justo cuando se acerca el invierno y con él la demanda de gasóleo para calefacción, que competirá por el mismo producto que necesitan los camiones. La AIE ya había anticipado que la oferta del último trimestre no bastará para cubrir el consumo y que los inventarios no se recuperarán antes del segundo semestre de 2027.
En el surtidor, el precio medio del diésel en la Unión Europea alcanzó un récord de 2,27 euros por litro a finales de septiembre. Desde entonces ha cedido ligeramente, pero los costes operativos de los transportistas siguen en niveles muy elevados, pese a las rebajas fiscales temporales aprobadas por varios gobiernos. En España, el Gobierno ha prorrogado en noviembre la rebaja fiscal al carburante y la ayuda de cinco céntimos al gasóleo profesional, mientras las asociaciones de transportistas presionan para que los cargadores apliquen la cláusula de revisión del precio del combustible.
El informe introduce aquí una distinción relevante, porque las rebajas fiscales alivian la liquidez de los operadores, pero no añaden un solo barril al mercado. Una empresa puede pagar menos impuestos por litro y aun así encontrarse con problemas de abastecimiento si el producto escasea, lo que obliga a pensar el combustible también como una cuestión de suministro, revisando contratos con proveedores, capacidad de almacenamiento propia y acuerdos de abastecimiento a medio plazo.
Las alternativas empiezan a ganar terreno en ese escenario, como el caso de Alemania, donde el combustible renovable HVO100 ha cotizado por primera vez al por mayor por debajo del diésel fósil, y el informe señala un interés creciente entre las flotas. Se trata de un combustible que puede utilizarse en los motores diésel actuales sin modificaciones, lo que lo convierte en una opción inmediata para diversificar el suministro, aunque su disponibilidad sigue siendo limitada frente al volumen que consume el transporte por carretera.
Con un horizonte de tensión que se alarga hasta 2027, el transportista que solo negocie el precio del gasóleo estará cubriendo la mitad del riesgo. La otra mitad pasa por saber de dónde vendrá el combustible en los meses de mayor demanda y por trasladar a los contratos con los cargadores una revisión de tarifas que acompañe a un precio que no va a normalizarse a corto plazo.
Carlos Zubialde
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