En las últimas semanas, varias compañías de transporte y logística en España han iniciado procesos de ajuste de plantilla que afectan a perfiles técnicos y mandos intermedios con amplia experiencia operativa, mientras tanto, otros operadores observan el movimiento con evidente interés porque ven una oportunidad poco habitual para incorporar talento ya formado sin asumir largos procesos de selección o formación interna.

Empresas como XPO o Kuehne+Nagel han activado expedientes de regulación de empleo en sus estructuras en España, en un contexto de menor actividad en determinados tráficos, presión sobre márgenes y necesidad de redimensionar estructuras tras ejercicios de fuerte crecimiento y posterior ajuste de la demanda. Al mismo tiempo, la integración de DB Schenker en DSV está generando solapamientos evidentes en departamentos comerciales, operativos y administrativos, algo habitual en cualquier proceso de adquisición de esta magnitud pero que, en la práctica, se traduce en un excedente de profesionales altamente cualificados disponibles en el mercado.

El hecho es conocido, pero realmente lo relevante es lo que implica la situación. El sector lleva años alertando de la falta de profesionales preparados, especialmente en áreas como tráfico internacional, gestión aduanera, desarrollo de negocio, tráfico, atención al cliente o dirección de operaciones, y sin embargo ahora se produce una paradoja incómoda: cuando algunas compañías atraviesan una situación crítica, otras encuentran el momento idóneo para reforzar sus equipos con perfiles que, en otro contexto, serían prácticamente inaccesibles.

De todas formas, la lectura estratégica es más compleja de lo que podemos observar a primera vista, y es que el mercado laboral del transporte vuelve a comportarse de forma oportunista, esperando a que otro asuma el coste de formar y desarrollar talento para después captarlo cuando se produce un ajuste. En las fusiones sucede algo similar: la eficiencia buscada por el comprador genera duplicidades que el resto del mercado aprovecha, aunque es cierto que en la actualidad es más acusado que en tiempos anteriores. No es ilegal ni excepcional, pero sí evidencia una falta de planificación sectorial a medio plazo, que es el gran problema.

Además, estos movimientos pueden generar inestabilidad adicional en un momento ya delicado como el actual. Cuando un profesional clave sale de una compañía en proceso de reestructuración, no solo se pierde conocimiento interno; también se envía un mensaje al mercado y a los clientes, que ven cómo una situación de su proveedor de transporte puede suponerles un futuro problema. Si ese mismo perfil es absorbido por un competidor directo, el impacto competitivo es inmediato, especialmente en nichos especializados o en tráficos donde la relación personal sigue siendo determinante, cuestión que sucede en todas las empresas de transporte entre sus operativos y los clientes.

Hay también un componente ético que conviene no ignorar, porque resulta contradictorio escuchar discursos recurrentes sobre la escasez de talento y la necesidad de atraer jóvenes al sector mientras se normaliza que la vía principal para incorporar experiencia sea esperar a que otro ajuste plantilla. La consolidación empresarial es lógica en mercados maduros, pero quizá el sector debería preguntarse si su modelo de desarrollo de personas está pensado para el largo plazo o solo para el siguiente ejercicio.

El transporte español atraviesa una fase de redefinición estructural, con concentración empresarial, presión sobre costes y exigencias crecientes por parte de cargadores y reguladores; este es el día a día. Y es en ese escenario donde el talento se convierte en un activo estratégico que no debería gestionarse únicamente al ritmo de los ciclos. Cada empresa deberá decidir si aprovecha la coyuntura para reforzarse o si replantea cómo forma y retiene a sus equipos cuando el mercado vuelva a tensionarse. Al final, como siempre, el diferencial lo ponen las personas; mientras estas sean vistas como piezas por parte del sector, poco avanzaremos.

Carlos Zubialde

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