La manipulación manual de cargas es, año tras año, una de las principales causas de baja laboral en el sector logístico español. No es un dato nuevo ni sorprendente para nadie en el sector, pero sí es llamativo que siga siéndolo a pesar de que las soluciones llevan décadas disponibles en el mercado. El problema no es de acceso, es de enfoque: el equipamiento ergonómico rara vez entra en la ecuación cuando se decide cómo equipar un almacén.

Las lesiones musculoesqueléticas derivadas de levantar, trasladar o manipular cargas de forma repetitiva tienen su correspondiente coste en forma de baja, pero no es el único. Reemplazar ese operario supone tener que mover cuadros de trabajo u otros operarios, o realizar una contratación temporal para cubrir la ausencia. Esa carga de trabajo adicional que soporta el equipo tiene un coste económico y de carga de trabajo, esta última casi nunca reflejada. Lo que empieza como una lesión de espalda acaba siendo una cadena de ajustes operativos que se paga durante mucho más tiempo del que dura la baja.

La paradoja es que el equipamiento que reduce ese riesgo no es especialmente complejo ni tiene un coste tan elevado como para no tenerlo en consideración. Hablamos, por ejemplo, de mesas elevadoras que evitan agacharse repetidamente, carros de picking diseñados para reducir el recorrido y el esfuerzo del operario, transpalets que permiten mover cargas pesadas sin tracción manual, apiladores eléctricos para alturas que de otro modo exigen posturas forzadas. Ninguna de estas soluciones es tecnología de vanguardia, pero su impacto en la operativa diaria y en la siniestralidad del almacén es concreto y medible.

El error habitual en muchos almacenes es tratar el equipamiento ergonómico como una mejora opcional cuando debería ser incorporado como parte esencial integrada en la operativa diaria. Pensar que el equipamiento de almacén es algo que se añade cuando hay margen presupuestario o cuando la inspección de trabajo presiona, no es un correcto enfoque. Zetatrades, especializada en equipamiento logístico e industrial tanto nuevo como de segunda mano, trabaja con una gama que incluye precisamente este tipo de soluciones, desde transpaletas manuales y eléctricas hasta mesas de trabajo y carros diseñados para reducir la manipulación directa de cargas. La segunda mano en buen estado permite, además, que el coste de entrada no sea el argumento para no actuar.

Hay otro ángulo que se ignora con frecuencia en estas situaciones: el impacto de las condiciones de trabajo en la rotación de personal. Los almacenes que exigen un esfuerzo físico excesivo por falta de medios adecuados tienen más dificultades para retener a sus operarios, especialmente en un mercado laboral donde la demanda de perfiles logísticos es constante y la oferta escasa. Un almacén bien equipado no es solo más seguro, es también más atractivo como entorno de trabajo, y eso tiene un valor que pocas empresas cuantifican cuando deciden invertir o no en equipamiento.

La pregunta que debería hacerse cualquier responsable de operaciones no es si puede permitirse mejorar el equipamiento de su almacén, sino cuánto le está costando no haberlo hecho ya, siempre y cuando conozca ese dato, claro está.

Carlos Zubialde

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