Fruit Attraction reunía este año en Madrid a más de 2.500 empresas de producción, distribución, tecnología y logística, una mezcla que muestra hasta qué punto la cadena de suministro agroalimentaria integra hoy actividades muy distintas. Esa diversidad tiene consecuencias directas para el mercado inmologístico, porque las operaciones que se desarrollan dentro de las naves son cada vez más complejas y las empresas exigen espacios con más conectividad, más eficiencia y más capacidad de adaptación.
En el caso del agroalimentario, el aumento de los flujos nacionales e internacionales y la necesidad de trabajar con distintos ritmos de distribución han dado más peso a la localización de las plataformas, sobre todo a su cercanía a los grandes mercados de consumo. La superficie disponible sigue contando, aunque ya no basta para decidir una implantación, porque las empresas buscan instalaciones que puedan absorber volúmenes de actividad variables, incorporar nuevas tecnologías y seguir funcionando con eficiencia cuando cambian sus necesidades.
Para los promotores, ese cambio obliga a plantear los proyectos de otra manera. La compañía Mountpark, que desarrolla activos logísticos en algunos de los principales ejes de distribución de España, sostiene que ubicación, conectividad, eficiencia del edificio y capacidad para acompañar el crecimiento de las operaciones forman parte de una misma ecuación. Leandro Greblo, country manager Iberia de la compañía, explica que las cadenas de suministro están evolucionando y, con ellas, lo que las empresas necesitan de los espacios desde los que operan, y que el papel del desarrollador pasa por trasladar esos cambios a proyectos que respondan a las necesidades actuales y a la evolución futura de sus clientes.
Illescas sirve como ejemplo de esa transformación en el centro peninsular. La consolidación del eje ha atraído a compañías de sectores diferentes y ha creado un entorno en el que la proximidad a Madrid, las conexiones con los principales corredores y la disponibilidad de infraestructuras pesan de forma decisiva en las nuevas implantaciones. Instalarse en un área así permite a las empresas integrarse en una red empresarial y de infraestructuras que facilita sus operaciones y su crecimiento, más allá de la propia plataforma.
Para un operador que trabaja con producto fresco o con varios canales de venta a la vez, la elección de una nave condiciona durante años su capacidad de respuesta, y un edificio que no admite cambios de volumen ni nuevas tecnologías acaba convirtiéndose en un límite para el negocio. Ese criterio, el de cuánto puede crecer una operación dentro de un mismo espacio, gana peso frente al precio por metro cuadrado a la hora de firmar un contrato de larga duración.
Carlos Zubialde
contacto@informacionlogistica.com


