La próxima obligatoriedad del Documento de Control Digital en España, cuya entrada está fijada para el próximo mes de octubre de 2026, ha reabierto el debate sobre la digitalización en el transporte, pero también pone de manifiesto un problema más profundo: muchas empresas siguen interpretando la transformación digital como un cumplimiento normativo más que como una estrategia de eficiencia operativa. Esta visión reactiva corre el riesgo de perpetuar la fragmentación documental del sector en vez de iniciar una auténtica modernización de sus procesos, muchos de ellos todavía anclados en formatos de décadas anteriores.
El Documento de Control, exigido por la Orden FOM/2861/2012 y ahora obligatorio en formato electrónico por la Ley de Movilidad Sostenible, es solo una pieza del puzle documental, y así es como debería abordarse, no como un todo, sino como parte de un proceso más completo y global. Su digitalización garantiza que la información básica de cada expedición esté disponible electrónicamente y accesible en controles en carretera, con mecanismos de verificación como el código QR que permite a las autoridades acceder al documento en formato digital, además de en tiempo real.
Sin embargo, centrarse exclusivamente en él como objetivo final de la digitalización es limitar la mirada de un sector que arrastra desde hace años ineficiencias estructurales en la gestión de sus datos y documentos. Pensar que cumplir con la obligación de digitalizar el documento de control es suficiente, simplemente es cubrir una etapa en lugar de ver una oportunidad para poder digitalizar la totalidad de la actividad del transporte, que, en fases sucesivas, sin duda ninguna, serán también obligadas a ser digitales.
Dentro de esa globalidad digital de la que hablamos, el Reglamento eFTI —Electronic Freight Transport Information— de la Unión Europea sitúa el marco normativo europeo para la comunicación electrónica de la información regulatoria en el transporte de mercancías. Este Reglamento promueve la sustitución de los intercambios en papel por datos electrónicos estandarizados en todos los Estados miembros, y esto supone sin duda ninguna un salto cualitativo mayor hacia la digitalización integral, más allá del Documento de Control Digital.
A la par, en España se está elaborando un proyecto de Real Decreto que modificará el Reglamento de Ordenación de los Transportes Terrestres (ROTT) para incorporar la digitalización de los datos de transporte de forma más amplia. Este proyecto contempla, entre otros aspectos, la obligación de utilizar formatos digitales no solo para el Documento de Control sino también para otros documentos relevantes del transporte, como la carta de porte nacional y el CMR electrónico.
Como se puede apreciar, ahora solo es el documento de control, pero el camino es una digitalización completa y total. Por eso, integrar estos pasos en una hoja de ruta coherente es mucho más transformador que abordar la digitalización de forma fragmentada, además de ser al final del ciclo operativa y económicamente más ajustado.
El debate normativo y la implementación tecnológica están confluyendo, pero la verdadera transformación exige que las empresas trasciendan la mera obligación y tengan una visión más profunda, más a largo plazo. La digitalización documental debe concebirse como una herramienta para mejorar la eficiencia de las operaciones, para reducir errores administrativos, aumentar la trazabilidad y permitir la integración de los procesos entre cargadores, transportistas y operadores logísticos, pero reiteramos que el abordaje correcto debería de ser de forma global, una transformación digital de 360º.
En este punto, soluciones como la que ofrece FIELDEAS Track and Trace con su módulo Smart Docs Hub, basado en la garantía jurídica y regulatoria y en la flexibilidad, demuestran que la tecnología está disponible para soportar una estrategia más ambiciosa. Esto se debe a que permite digitalizar toda la documentación de transporte (carta de porte, CMR, listas de carga, albarán, etc.), elegir entre varias vías para la generación del documento, así como optar por diferentes modalidades de firma y distintos canales de gestión.
La tecnología no debería percibirse como una amenaza, es la herramienta que permite afrontar con garantías la digitalización completa de los procesos de una empresa. Las empresas que ya han apostado por integrar flujos documentales digitales están observando mejoras tangibles en la eficiencia operativa y una mayor contribución al cumplimiento de los objetivos de sostenibilidad. También destacan avances en la trazabilidad y la visibilidad de la información, el refuerzo de los elementos probatorios ante litigios o disputas en la entrega de mercancías, así como una mayor agilidad administrativa, incluso en aspectos como la recuperación del IVA.
Por si fuera poco, el retorno económico del cambio es más que significativo, además del sólido respaldo que ofrece ante posibles inspecciones.
Quedarse únicamente en el cumplimiento del Documento de Control Digital es perpetuar una visión cortoplacista que ignora los beneficios que una digitalización integral puede aportar. Esta transición no es una carga normativa, es una oportunidad para replantear procesos, replantear relaciones con clientes y socios logísticos e integrar datos que hoy se encuentran dispersos en multitud de formatos y sistemas. La digitalización, abordada con visión estratégica, es uno de los factores que permitirán al sector del transporte ganar competitividad de un modo real. El desafío para las empresas no es solamente adaptarse al cambio, sino anticiparse y liderarlo, transformando datos y documentos en palancas de eficiencia real para sus operaciones diarias.
Carlos Zubialde
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