Herba Ricemills, la división arrocera de Ebro Foods, ha puesto en marcha un almacén automatizado en su planta de San José de la Rinconada, Sevilla, de la mano de Mecalux, como paso previo a su expansión hacia África y Oriente Medio. La instalación produce arroz cocinado listo para consumir bajo marcas como Minute para Norteamérica, Lassie para Países Bajos, Cigala para Portugal, y las nacionales Brillante y Sabroz, un catálogo multimarca que explica por qué la compañía necesitaba resolver antes un problema muy concreto de espacio y flujo de referencias.

El sistema instalado combina Pallet Shuttle automático con transelevador y Pallet Shuttle semiautomático, dos soluciones que cumplen funciones distintas dentro del mismo almacén. La versión automática, gestionada por un carro eléctrico que carga y descarga palets sin intervención manual, eleva la capacidad de almacenaje hasta 5.400 palets, mientras que la semiautomática se reserva para las referencias de mayor volumen, donde mover cantidades muy elevadas de un mismo producto justifica un sistema más simple pero igualmente intensivo. Todo el conjunto se controla mediante el software Easy WMS de Mecalux.

La decisión responde a una lógica de negocio bastante clara para cualquiera que gestione un catálogo multimarca con vocación exportadora, porque cuantas más marcas y mercados de destino maneja una compañía, más referencias distintas conviven en el mismo almacén, y esa fragmentación es precisamente lo que un sistema automático resuelve mejor que el almacenaje convencional. Juan Pedro Álvarez, director de la división Ready to Serve de Ebro Foods en Andalucía, ha vinculado directamente la automatización a esa vocación internacional del grupo, con un volumen de referencias que, según explica, justifica la inversión en un almacén de estas características.

El resultado operativo que reporta la compañía es un incremento de productividad del 25%, una cifra que Manuel Matías Martínez, responsable de Almacenes y gestión logística de la planta, atribuye a la combinación de cero errores en preparación de pedidos, tiempos de picking más cortos y un mejor aprovechamiento del espacio disponible. Son los tres indicadores que cualquier responsable de almacén revisa primero al evaluar si una automatización ha merecido la pena, y los tres apuntan en la misma dirección en este caso.

Para el sector agroalimentario, que suele automatizar sus almacenes más tarde que otros verticales por la propia naturaleza estacional y perecedera de buena parte de su producción, este movimiento de Herba Ricemills aporta un dato relevante, la automatización no solo tiene sentido para quien fabrica un único producto a gran escala, también resulta rentable cuando el reto es gestionar muchas referencias distintas con destinos de exportación muy diversos entre sí.

La entrada en mercados como África y Oriente Medio, con requisitos logísticos y plazos de exportación que no siempre coinciden con los de Europa o Norteamérica, será la prueba real de si esta inversión en almacén automatizado responde tanto a la necesidad actual como a la que exigirá sostener ese crecimiento internacional en los próximos años.

Carlos Zubialde

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