Un análisis de Fulfilio sobre el comercio electrónico en Europa sitúa a Polonia como una plataforma logística cada vez más valorada por empresas de diez mercados, entre ellos Reino Unido, los países bálticos, Dinamarca, China, Portugal y España. La lectura que deja el informe para el sector español podemos decir que es "incómoda", porque las empresas españolas no aparecen como destino de esa inversión, sino como compradoras de una segunda base de operaciones lejos de casa.

La operativa dice que un vendedor español que factura cada vez más en Polonia, Chequia, Eslovaquia, Alemania o Austria puede preferir un almacén en Polonia para acortar los plazos de entrega, en lugar de servir todo ese volumen desde la Península. El país cuenta además con una base inmobiliaria considerable, 38 millones de metros cuadrados de superficie logística moderna al cierre de junio, un 5,5% más que un año antes, según CBRE.

Donde el contraste con España resulta más evidente es en las mercancías procedentes de terceros países. La inversión confirmada la protagoniza Shein, que inauguró en diciembre de 2025 un centro logístico cerca de Wrocław con la aspiración de convertirlo en su principal nodo europeo, con capacidad que podría alcanzar los 740.000 metros cuadrados. El propio análisis subraya que se trata de un compromiso real y no de un simple interés, algo que no puede decirse del resto de mercados de la lista.

Ese movimiento encaja con una tendencia más amplia y de repercusiones ya conocidas, como el arancel de tres euros a los paquetes de bajo valor en vigor desde julio, ante lo que plataformas como Temu o Shein han optado por acercar el inventario a Europa, y los almacenes polacos aparecen como una de las ubicaciones preferidas. España, en cambio, afronta ese cambio con un frente aduanero que el propio sector lleva meses señalando. UNO advirtió hace unas semanas de que las plantillas insuficientes, los sistemas informáticos mal integrados y la falta de coordinación entre organismos ralentizan los procesos y ya están favoreciendo el desvío de flujos de carga hacia otros países europeos, mientras la CNMC, designada para vigilar el comercio electrónico de bajo valor, sigue reclamando medios para ejercer esa función.

Conviene, sin embargo, no sobredimensionar la conclusión porque el informe de Fulfilio refleja el interés que detecta ese operador en sus conversaciones comerciales y en los proyectos que ya ha completado, no el volumen de inversiones confirmadas ni cuántas empresas han trasladado de hecho su inventario a Polonia. Tampoco demuestra que España esté perdiendo su papel como puerta de entrada de mercancías, y los datos de inversión apuntan en otra dirección, con Madrid como segundo mercado europeo de inversión logística en el primer semestre, por detrás de Dublín. El análisis recuerda además que un segundo almacén implica más inventario y mayores costes operativos, y que acortar las rutas no siempre justifica abrir una nueva instalación.

La pregunta que queda sobre la mesa es si, cada vez que se espera que un almacén sirva a varios mercados y no a uno solo, la capacidad de atraer ese tipo de operaciones dependerá de factores que van más allá del suelo disponible, como la agilidad aduanera, la conexión de transporte y la fiabilidad de las devoluciones. En ese terreno, Polonia ya tiene proyectos en marcha, y España tiene todavía pendiente demostrar que puede competir por ellos.

Carlos Zubialde

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