UPS ha cerrado el cuarto trimestre de 2025 con unos ingresos consolidados de 24.500 millones de dólares y un beneficio operativo de 2.600 millones, que en términos ajustados alcanza los 2.900 millones. El beneficio diluido por acción se situó en 2,10 dólares, mientras que en cifras ajustadas fue de 2,38 dólares. Son resultados sólidos en un ejercicio que, en conjunto, se ha cerrado con 88.700 millones de dólares de facturación y un margen operativo del 8,9%, ligeramente superior en términos ajustados.
Las cuentas incluyen impactos extraordinarios, entre ellos un cargo por pensiones “mark-to-market” y costes vinculados a la amortización de su flota de MD-11, además de gastos asociados a procesos de transformación interna. Más allá del detalle contable, lo relevante es el momento estratégico en el que se encuentra la compañía.
La dirección de UPS ha señalado que 2026 será un punto de inflexión tras completar la reducción progresiva de su actividad con Amazon. La compañía prevé alcanzar aproximadamente 89.700 millones de dólares en ingresos este año, con un margen operativo cercano al 9,6%. Al mismo tiempo, ha anunciado inversiones de capital en el entorno de los 3.000 millones y el mantenimiento de una política de dividendos significativa.
El mensaje financiero convive, sin embargo, con una decisión de gran calado operativo: la intención de prescindir de 30.000 conductores en Estados Unidos tras la ruptura con Amazon. El ajuste no es menor. Amazon había sido durante años uno de los principales generadores de volumen para la red doméstica de UPS, especialmente en el segmento de paquetería vinculada al comercio electrónico. Renunciar a ese flujo implica redimensionar capacidad, rutas y estructura laboral.
Desde el punto de vista industrial, la operación plantea varias lecturas. Por un lado, UPS busca mejorar la calidad de sus ingresos, priorizando clientes y segmentos con mayor rentabilidad y menor presión tarifaria. Por otro, la reducción de volumen obliga a replantear la utilización de activos, desde hubs hasta flota y personal, en un mercado estadounidense donde la competencia en última milla es intensa y los costes laborales son elevados.
Para el sector logístico, especialmente para cargadores y vendedores online, el movimiento es relevante. Un operador del tamaño de UPS ajustando 30.000 puestos de conducción anticipa una reconfiguración de capacidades en determinadas zonas y segmentos. Aunque la compañía mantenga su compromiso de servicio, el equilibrio entre cobertura, frecuencia y coste puede verse tensionado durante la transición.
Además, la decisión evidencia hasta qué punto la dependencia de grandes cuentas puede condicionar la estructura de una red. Amazon no solo ha sido cliente, sino también competidor creciente en transporte y distribución. La progresiva internalización logística por parte del gigante del comercio electrónico ha reducido el volumen externalizado, obligando a operadores tradicionales a redefinir su posicionamiento.
En paralelo, UPS mantiene una fuerte generación de caja, con 8.500 millones de dólares procedentes de operaciones en 2025 y 5.500 millones en flujo de caja libre ajustado, lo que le permite sostener dividendos y recompras de acciones. La cuestión es si el mercado valorará más la disciplina financiera o la capacidad de adaptación operativa en un entorno donde el crecimiento del ecommerce ya no es tan expansivo como en los años posteriores a la pandemia.
El caso UPS ilustra una realidad incómoda para el sector: crecer en volumen no siempre equivale a mejorar rentabilidad, pero reducir capacidad tiene costes sociales y riesgos operativos. Ajustar red, plantilla y cartera de clientes al mismo tiempo exige precisión estratégica y ejecución impecable, que no siempre sucede.
Carlos Zubialde
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