Los ataques a la cadena de suministro se han duplicado en 2025 a escala global y ya generan un impacto económico estimado en más de 53.200 millones de dólares anuales. El dato no es únicamente una cifra llamativa, sino la confirmación de un cambio estructural en la forma en que operan los actores maliciosos: en lugar de atacar directamente a grandes corporaciones, acceden a ellas a través de proveedores tecnológicos, integradores o servicios en la nube.
El último análisis sectorial sitúa el coste medio de cada incidente en torno a 4,33 millones de euros, lo que convierte este tipo de brechas en una de las más costosas y complejas de gestionar. Además, el 22,5% de las vulneraciones registradas en 2025 implicaron a terceros, el doble que el año anterior, reflejando hasta qué punto la interdependencia digital se ha convertido en un vector de riesgo.
Para el sector logístico y la industria manufacturera, el problema es especialmente relevante. La manufactura registró un crecimiento interanual del 61% en ataques, situándose entre los ámbitos más afectados junto con tecnología y retail. En entornos altamente interconectados, donde sistemas de gestión de almacenes, plataformas de transporte, ERPs y soluciones SaaS intercambian datos en tiempo real, una brecha en un proveedor puede detener operaciones completas.
El tiempo medio de detección y contención de una brecha originada en la cadena de suministro se sitúa en 254 días. En términos operativos, esto significa más de ocho meses con potencial acceso no autorizado, riesgo de exfiltración de datos y posibilidad de movimientos laterales dentro de la red corporativa. Para empresas logísticas con contratos críticos, penalizaciones por incumplimiento de servicio y dependencia de sistemas automatizados, ese margen temporal multiplica el impacto económico y reputacional.
El ransomware continúa siendo uno de los principales vectores, con miles de incidentes registrados en los primeros meses del año, y evoluciona hacia modelos de triple extorsión que combinan cifrado de datos, filtración de información sensible y presión directa sobre clientes o socios. A ello se suma el uso creciente de repositorios de código abierto como puerta de entrada, mediante la inserción de paquetes maliciosos en dependencias ampliamente utilizadas por las organizaciones.
Desde una perspectiva operativa, el riesgo ya no se limita al departamento de IT. La cadena de suministro digital es hoy una extensión directa de la cadena física. Un ataque que afecte a un proveedor de software de gestión de flotas, a un operador de servicios gestionados o a una plataforma de integración puede paralizar expediciones, bloquear sistemas de trazabilidad o comprometer información contractual.
Para las empresas de transporte y logística, la gestión del riesgo de terceros deja de ser una recomendación teórica y se convierte en una exigencia estratégica. Auditar integraciones críticas, revisar contratos tecnológicos, segmentar accesos y reducir los tiempos de detección mediante sistemas avanzados de monitorización son medidas que impactan directamente en la continuidad del negocio.
La creciente incorporación de inteligencia artificial, identidades digitales y servicios externalizados ampliará previsiblemente la superficie de ataque en 2026. Cuanto más conectada y automatizada sea la cadena logística, mayor será también la exposición si no se acompaña de una arquitectura de seguridad coherente.
La digitalización ha permitido ganar eficiencia, visibilidad y velocidad en la gestión logística, pero también ha desplazado el perímetro de riesgo hacia proveedores y plataformas externas. La pregunta ya no es si una empresa será objetivo de un ataque, sino a través de qué eslabón de su red tecnológica puede producirse la próxima brecha.
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