Desde la salida efectiva del Reino Unido de la Unión Europea, enviar mercancía al mercado británico dejó de ser una operativa doméstica para convertirse en un flujo con tratamiento de tercer país, lo que implica declaraciones aduaneras, gestión de impuestos y una mayor exposición a incidencias documentales. Para muchas empresas industriales, retailers y ecommerce españoles, el problema no ha sido tanto la demanda, que sigue existiendo, sino la fricción administrativa, aduanera y financiera asociada a cada envío.

La realidad es conocida por cualquiera que opere con clientes en el Reino Unido, cuando el valor de la mercancía supera determinados umbrales, entran en juego aranceles e IVA de importación, además de costes de gestión que, si no están bien previstos, generarán potentes retrasos y una experiencia negativa en la entrega al cliente final. El destinatario que se encuentra con un pago inesperado en el momento de recibir el pedido es, en la práctica, un cliente insatisfecho y un riesgo de devolución, con el problema que eso supone en un mercado tan distinto.

En ese escenario, algunas compañías decidieron esperar a que el mercado se estabilizara y otras optaron por desarrollar soluciones específicas desde el primer momento. Spring GDS fue una de las primeras en estructurar una operativa adaptada al nuevo marco post-Brexit, lo que le permitió mantener flujos estables hacia el Reino Unido cuando muchas empresas aún estaban ajustando sus procesos internos.

La compañía opera con dos modalidades de entrega para los envíos que sus clientes les confían; por un lado, la entrega postal bajo incoterm DAP (Delivered At Place) y entrega comercial bajo incoterm DDP (Delivered Duty Paid). Estas dos modalidades permiten a Spring GDS adaptar la estrategia según el tipo de cliente y producto, a lo que además añaden una solución de retorno bajo DDP con el mismo precio, algo especialmente sensible para el ecommerce, donde la logística inversa no es un elemento marginal, sino estructural.

Es importante resaltar la opción de envío DDP, porque desde el punto de vista operativo y comercial, esto elimina fricciones, reduce rechazos y permite ofrecer una experiencia equivalente a la de un envío nacional, pese a que estamos hablando de una exportación a un tercer país, además con despacho aduanero.

Otro elemento diferencial que han aportado desde Spring GDS es la simplificación documental, tanto que para la salida del envío a tránsito basta con la etiqueta de envío, sin necesidad de aportar documentación adicional como proforma. En un entorno donde muchas empresas industriales y de ecommerce no cuentan con departamentos de comercio exterior robustos, reducir la carga administrativa no es una cuestión menor, es una forma directa de disminuir errores, bloqueos aduaneros y costes indirectos.

Las entregas en el Reino Unido se realizan a través de Royal Mail, lo que aporta capilaridad en destino y conocimiento del mercado local, y se complementan con una calculadora de taxes y duties que permite anticipar los costes en el momento de generar la etiqueta bajo incoterm DDP, por lo que el cliente, cuando emite el envío, tiene el control total del coste del mismo. Por descontado que esta previsión no solo mejora la transparencia frente al cliente final, también permite a la empresa exportadora proteger su margen y tomar decisiones comerciales con información real.

No obstante, hacer operaciones de transporte con el Reino Unido no es nada sencillo. El problema de fondo es que muchas compañías siguen abordando el mercado británico como si fuera una extensión natural del mercado europeo, cuando en la práctica exige una estructura distinta, procesos específicos y una gestión fiscal ordenada. La falta de perfiles especializados en aduanas y fiscalidad internacional no es una anécdota, es una limitación estructural en la empresa española, por eso es tan importante apoyarse en empresas de transporte conocedoras de ese mercado, para no tener retrasos, sobrecostes y fricciones comerciales.

Operar con Reino Unido hoy implica asumir que la complejidad no va a desaparecer, lo que sí puede cambiar es cómo se gestiona. Para las empresas que mantienen tráficos recurrentes con clientes británicos, la diferencia ya no está en encontrar transporte, sino en diseñar un flujo aduanero estable, previsible y financieramente controlado. La pregunta que cada dirección logística debería hacerse no es si el Brexit sigue afectando, sino si su operativa está preparada para convivir con esa realidad de forma sostenible en el tiempo y, cómo no, si cuenta con el proveedor de transporte adecuado para ese mercado.

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