Durante años, el nombre de Lituania fue sinónimo de competencia desleal para los transportistas de Europa occidental. Sus flotas internacionales operaban a costes que resultaban imposibles de igualar para las empresas españolas, francesas o alemanas, en parte porque el modelo se sostenía sobre conductores reclutados fuera de la Unión Europea, procedentes de Bielorrusia, Rusia, Uzbekistán o Tayikistán, con condiciones laborales que en más de una ocasión llegaron a los tribunales y a los reportajes de investigación. Según datos recogidos en su momento por Fenadismer, el 90% de los más de 77.000 conductores de transporte internacional empleados por empresas lituanas procedían de países terceros ajenos a la UE. Lituania tenía más de 5.000 empresas de transporte internacional que llegaban a representar el 8% de su PIB nacional, según sus propias cifras. El sector no era una industria más: era uno de los pilares de la economía del país.

Pero ese modelo, en los tiempos actuales, se está quebrando. Las mismas empresas que construyeron su ventaja competitiva sobre la disponibilidad de mano de obra barata y abundante del Este se enfrentan ahora a lo que ya sufren los transportistas occidentales desde hace años: no encuentran conductores. Y la respuesta que están dando apunta directamente a la escala del problema.

Muchas empresas de lituana han viajado a Brasil para reclutar conductores, buscando incorporar profesionales en cada misión. Vlantana Logistics, otra de las grandes operadoras del país, ha puesto en marcha una alianza similar con agencias brasileñas especializadas en captación de talento para el transporte internacional. Y el Grupo Girteka, que opera la mayor flota del país y que según sus propias cifras emplea a más de 19.500 conductores profesionales, ha incorporado recientemente conductores brasileños a su plantilla tras formarlos en su propia academia interna. Mindaugas Paulauskas, CEO de Girteka Transport, declaró a propósito de esas incorporaciones que los nuevos conductores brasileños demostraron durante su formación "grandes resultados, apertura al aprendizaje y un fuerte compromiso con la adaptación a las normativas europeas."

El sindicato lituano de conductores profesionales REKVIZITAI afirma que "la escasez de mano de obra se está convirtiendo en uno de los mayores desafíos para las empresas lituanas en la actualidad", según sus propias declaraciones públicas. Los datos del Servicio de Empleo del país, correspondientes al 1 de mayo de 2026, registraban 146.700 personas desempleadas, con un descenso del 5,4% respecto al mes anterior. Hay trabajo disponible en Lituania, lo que no hay son conductores que quieran hacer ese trabajo, algo muy similar a lo que sucede en el resto de paises de Europa.

Las razones no son muy distintas a las que explican la misma crisis en España, Alemania o Francia. La edad media de los conductores en activo envejece sin relevo generacional suficiente, la incorporación de jóvenes al sector sigue siendo marginal, y las condiciones de trabajo en el transporte internacional de larga distancia resultan poco atractivas para las nuevas generaciones, independientemente del país. La IRU ya advirtió hace años que Lituania sería uno de los países más afectados por la escasez de conductores entre los Estados miembros de la UE que analizó.

Para los transportistas españoles, el dato tiene su lectura propia, poruqe el competidor que durante décadas ganó cuota de mercado en Europa apoyándose en una ventaja estructural de costes laborales ya no puede reproducir ese modelo. Brasil se está convirtiendo en el nuevo reservorio de mano de obra para las flotas lituanas, del mismo modo que Lituania lo fue en su momento para llenar los camiones que cruzaban Europa. El círculo no se ha cerrado, pero sí ha dado una vuelta.

Carlos Zubialde

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