Cuando una empresa de transporte habla de "especialización" en un mercado, la afirmación tiene que ser sometida a un examen exhaustivo, sobre todo en los tiempos donde este tipo de afirmaciones son generalizadas. El sector logístico está lleno de operadores de transporte que cubren Francia como un país más de su red europea, con frecuencias semanales, subcontratación parcial y una visibilidad limitada una vez la mercancía cruza la frontera.
Pero también podemos encontrar propuestas diferentes, distintas, donde la afirmación de ser un proveedor especialista toma toda su dimensión. Es el caso de Heppner Spain, filial del grupo francés Heppner y que tiene su base logística en Santa Perpètua de Mogoda (Barcelona). Y la diferencia y especialización comienza con algo estructuralmente ya distinto, como la frecuencia de conexión entre España y Francia. 16 conexiones diarias desde Barcelona (un plan de transporte exclusivo con horas de salida y horas de llegada precisas a las agencias en destino), una red propia en territorio francés y una matriz que lleva décadas operando en ese mercado desde dentro hacen que se pueda etiquetar a Heppner Barcelona como un proveedor especializado con Francia.
La cadencia de 16 frecuencias diarias desde Barcelona convierte a Heppner Spain en líder en salidas hacia Francia con un objetivo claro de llegar más cerca del cliente final, mejorando así los tiempos de tránsito y la eficiencia en el servicio. Para un cargador que necesite abastecer a un cliente en Lyon, abastecer almacenes en París o gestionar urgencias puntuales en el norte del país, la diferencia entre trabajar con un operador que sale tres veces por semana y uno que sale varias veces al día es, operativamente, un gran valor diferencial.
El factor que hace posible esa frecuencia es la red propia con presencia en las principales capitales y áreas de negocio, que hace posible controlar la cadena desde que la mercancía sale de las instalaciones del cliente hasta que llega a destino, en ocasiones vehículos con varios cambios de conductor, o con doble conductor, para llegar a su plataforma de destino en horas fijas con el plazo y tiempo suficiente para su posterior gestión de entrega.
Esto, llevado al día a día, supone que la gestión de incidencias es más rigurosa, la trazabilidad es plena y real, y que los interlocutores hablan el mismo idioma operativo que el cliente español y que conocen el territorio donde van a entregar.
Y es que llegamos posiblemente al punto diferencial, y es que conocer el territorio, importa. Francia tiene sus propias reglas operativas, que hay que conocer perfectamente para que la cadena de transporte pueda ser exitosa. Hablamos de que las plataformas logísticas son distintas a la española, o que existe una cultura de entrega con cita previa más extendida que en otros países. Que la matriz de Heppner sea francesa aporta a esa especialización la labor de un operador que lleva décadas trabajando en ese mercado, y en consecuencia, conoce esas particularidades y las aplica porque forman parte de su operativa cotidiana.
En paralelo, el mercado de transporte francés está atravesando un proceso de concentración y desaparición de operadores locales que lleva años en marcha. Cuando un transportista regional desaparece o es absorbido, las empresas que dependían de él tienen que recolocar sus flujos, muchas veces en condiciones menos favorables. Trabajar con un operador que controla su propia red tiene un valor diferencial que se nota cuando algo falla.
Para las empresas españolas con flujos regulares con origen o destino Francia, la pregunta no debería ser si su operador llega al país. Debería ser cómo llega, con qué frecuencia y quién gestiona los problemas cuando ocurren. Y si existen posibilidades con operadores especializados, que terminan siendo los líderes de ese mercado.
Carlos Zubialde
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