El acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán ha tenido un efecto casi inmediato sobre el precio de los combustibles, que han iniciado una corrección a la baja en las últimas semanas. Sin embargo, ese alivio en los costes de energía difícilmente se trasladará a las tarifas del transporte de mercancías por carretera en Europa durante lo que resta de 2026, ya que los factores que mantienen los precios elevados van más allá del conflicto en Oriente Medio y tienen raíces más profundas en la propia estructura del mercado.

Pero realmente, el problema del sector es la escasez de capacidad de la flota y las quiebras registradas en los últimos meses, donde se configura un escenario en el que los precios que perciben los transportistas no recuperarán los niveles de principios de año, con independencia de cómo evolucione la situación geopolítica.

El argumento es que, incluso en el escenario más favorable, como una reapertura completa e inmediata del Estrecho de Ormuz, el impacto en las tarifas llegaría con un retraso de entre cuatro y seis semanas, el tiempo que habitualmente tarda el precio del combustible en trasladarse a las tarifas, y coincidiría además con la caída estacional de agosto, un período de menor actividad que tampoco garantiza reducciones sostenidas. La geopolítica puede mover el precio del barril, pero la capacidad disponible en el mercado europeo es otro mecanismo con su propio ritmo.

En ese sentido, el análisis contempla tres escenarios posibles. El primero es el de implementación plena y rápida del acuerdo de paz, que abriría una ventana a la baja en precios, pero sin garantías de que sea duradera. El segundo es el de un estancamiento en la aplicación del acuerdo, que mantendría la presión sobre el mercado, con el riesgo añadido de nuevas quiebras de operadores y la consiguiente reducción adicional de capacidad. El tercero, el fracaso del acuerdo, obligaría a los gobiernos europeos a prorrogar las medidas fiscales de alivio introducidas meses atrás y empujaría de nuevo al alza los precios de los combustibles.

Los tres escenarios comparten un denominador común: la escasez de capacidad en el mercado europeo de transporte por carretera se presenta como una condición estructural más que como una consecuencia temporal de la crisis energética. Las quiebras de los últimos meses han reducido la oferta disponible, y reponerla no es cuestión de semanas, ya que incorporar nueva capacidad exige tiempo, inversión y, en un mercado con dificultades crecientes de captación de conductores, también personal.

Para los cargadores, la normalización de precios que algunos esperaban a raíz del alto el fuego en Oriente Medio no llegará a corto plazo, y la negociación de tarifas para el segundo semestre deberá partir de esa realidad. Para los operadores de transporte, la situación mantiene por el momento las condiciones que han sostenido los precios, aunque la incertidumbre sobre cuál de los tres escenarios acabará materializándose hace difícil cualquier planificación más allá del muy corto plazo.

Carlos Zubialde

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