El monitor de riesgos de las cadenas de suministro globales correspondiente a agosto de 2026 confirma lo que muchos operadores llevaban semanas anticipando, el conflicto en el Golfo se está agravando. La Guardia Revolucionaria iraní atacó el 1 de agosto a dos petroleros que navegaban con escolta militar estadounidense, obligando a otros cuatro buques a desviar su ruta. El episodio reaviva la preocupación sobre la seguridad de navegación en el estrecho de Ormuz, uno de los pasos marítimos más sensibles del comercio mundial.

La relevancia de este tipo de incidentes para la logística global no se mide solo en el momento en que ocurren, sino en cómo condicionan el comportamiento de navieras, aseguradoras y cargadores durante las semanas siguientes. Varias navieras ya han introducido recargos de emergencia por combustible desde agosto, y no es descartable que la lista de recargos y desvíos se amplíe si la tensión persiste. Para las empresas que dependen de rutas que atraviesan o rodean esa zona, la planificación logística de los próximos meses tendrá que incorporar un margen de incertidumbre que hace apenas un año no formaba parte del cálculo habitual.

El impacto no se limita al tráfico que pasa físicamente por Ormuz. Los puertos alemanes, por ejemplo, ya arrastran los efectos de esta tensión geopolítica combinados con obras de renovación de terminales, lo que se traduce en una caída del 3,1% en el volumen total de mercancías de Hamburgo hasta junio y de un 3,8% en el movimiento de contenedores. Es un recordatorio de que los efectos de un conflicto regional se propagan por toda la red de tráficos globales, afectando a puertos que no tienen ninguna relación geográfica directa con la zona en conflicto.

Para las empresas españolas que importan o exportan mercancía por vía marítima, la lección práctica de este tipo de episodios no es nueva, pero conviene repetirla, la diversificación de rutas y proveedores logísticos deja de ser una opción estratégica de largo plazo para convertirse en una necesidad operativa inmediata. Quienes concentran su cadena de suministro en una única ruta o en un único operador asumen un riesgo que, en un contexto como el actual, puede materializarse en cuestión de días.

La incertidumbre en el Golfo no tiene una fecha de resolución previsible, y eso es precisamente lo que complica la planificación logística para el resto del año. Las empresas que ya han empezado a construir alternativas, ya sea mediante rutas marítimas secundarias, mayor colchón de inventario o acuerdos con más de una naviera, estarán mejor preparadas que las que sigan operando como si la tensión geopolítica fuera un fenómeno pasajero.

Carlos Zubialde

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