Amazon ha cerrado 2025 con más de 190 millones de productos entregados en España en modalidad de entrega el mismo día o al día siguiente, según informaciones de la compañía. A escala global, el volumen asciende a 13.000 millones de artículos, lo que convierte a la entrega rápida en uno de los pilares operativos de su red logística y en un elemento central de su propuesta para los clientes Prime.
El servicio de entrega en el mismo día está actualmente disponible en 16 ciudades españolas y permite recibir pedidos tanto en el domicilio como en puntos de recogida y taquillas automáticas. Desde el punto de vista logístico, este despliegue implica una red cada vez más densa, con inventario distribuido y una elevada exigencia de sincronización entre almacenes, transporte y última milla. No es un servicio universal ni homogéneo, sino concentrado en áreas donde el volumen y la proximidad permiten sostener el modelo.
Según datos facilitados por la propia compañía, los clientes Prime en España han utilizado mayoritariamente la entrega rápida para productos de uso cotidiano. Destacan los artículos de hogar y despensa, la tecnología y los productos de belleza y cuidado personal, categorías que requieren una alta disponibilidad y una preparación de pedidos muy ajustada en tiempos. En el caso de familias con niños, la recurrencia es especialmente elevada en alimentación, ropa y juguetes, lo que refuerza la idea de que la rapidez ha pasado de ser un valor añadido a una herramienta de organización diaria.
Amazon vincula este comportamiento al ahorro de tiempo y de costes que atribuye al servicio Prime, apoyándose en estudios como “El lujo del tiempo”, elaborado por Harris X para la propia compañía. Más allá del mensaje al consumidor, desde una perspectiva operativa el dato relevante es otro: la entrega rápida se consolida como un patrón de demanda estable, no como un uso puntual para compras urgentes.
En paralelo, la compañía sigue ampliando el alcance de Amazon Fresh, disponible en varias ciudades españolas. Este servicio introduce una complejidad adicional, al combinar productos secos con frescos y congelados, ventanas horarias de dos horas y una necesidad aún mayor de precisión en la preparación y el reparto. Su implantación limitada por zonas refleja las dificultades de escalar este modelo sin comprometer costes y calidad de servicio.
Según informaciones de la compañía, las mejoras en los tiempos de entrega se apoyan principalmente en dos palancas: el almacenamiento de productos más cerca del cliente final y la optimización interna de los procesos de almacén. La identificación de los artículos con mayor rotación y su ubicación en zonas específicas de preparación rápida reduce recorridos, manipulaciones y tiempos muertos dentro de los centros logísticos. Menos kilómetros y menos traspasos se traducen en mayor fiabilidad, pero también en una mayor rigidez operativa.
El caso de Amazon resulta llamativo en un momento en el que muchos operadores han moderado sus ambiciones en la entrega inmediata, conscientes de su impacto en márgenes y en la complejidad de la última milla. La compañía estadounidense, sin embargo, parece haber asumido que la velocidad es ya una expectativa estructural del cliente y ha decidido adaptar su red a esa realidad.
La cuestión de fondo no es si la entrega rápida funciona, sino qué coste operativo tiene sostenerla en el tiempo. Amazon muestra que, con volumen suficiente y control extremo del inventario, es posible. La incógnita para el resto del sector es hasta qué punto este modelo es replicable fuera de una red diseñada desde el origen para operar al límite de los plazos.
Carlos Zubialde
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