El 1 de julio no es una fecha cualquiera para el transporte internacional europeo este año, porque Bélgica pone en marcha una reforma que lleva tiempo en el horizonte y que, sin hacer demasiado ruido, va a modificar de forma directa el coste de operar con vehículos pesados en su territorio.

La medida central tiene nombre propio: Flandes incorpora un recargo vinculado a las emisiones de CO₂ al sistema de peaje kilométrico existente, gestionado a través de Viapass. No se trata de una subida ordinaria de tarifas, sino de un cambio estructural en la forma de calcular el peaje, porque a partir de julio ya no bastará con el peso y la categoría Euro del vehículo: la clase de emisiones de CO₂ pasará a ser un parámetro determinante en lo que paga cada camión por cada kilómetro recorrido en la región flamenca.

El sistema establece cinco categorías, la clase 1 agrupa a los vehículos más contaminantes y la clase 5 queda reservada para los de cero emisiones. El criterio temporal es claro: los camiones matriculados por primera vez antes del 1 de julio de 2019 quedan asignados automáticamente a la categoría más baja, la que implica mayor coste. Según los datos disponibles, ese grupo representa actualmente alrededor del 93% de los vehículos, lo que en la práctica significa que la inmensa mayoría de las flotas convencionales que circulan por Flandes verán encarecerse su peaje sin necesidad de que las tarifas base hayan subido un euro.

Para los vehículos que puedan acreditar una clase superior, el trámite exige revisar la documentación del vehículo (certificado de matriculación, Customer Information File (CIF) y Certificado de Conformidad (CoC)), utilizar la herramienta de cálculo habilitada por Viapass y, una vez determinada la categoría, actualizar la configuración del dispositivo OBU a través del proveedor de servicios de peaje correspondiente. Cada proveedor tiene su propio canal para esta gestión; algunas empresas podrán hacerlo por plataforma digital, otras requerirán contacto directo. El plazo no es prorrogable.

Lo importante de la aplicación de este peaje es que Bélgica no actúa en solitario . El mismo 1 de julio, Países Bajos estrena un sistema de peaje kilométrico propio para camiones de categorías N2 y N3, tanto nacionales como extranjeros, con tarifas que también varían según el nivel de emisiones. La euroviñeta deja de ser válida en territorio neerlandés a partir de esa fecha, y los dispositivos OBU de los proveedores alemán y belga —Toll Collect y Satellic— no son compatibles con el nuevo sistema holandés. Las empresas que operen habitualmente en ambos países tienen pendiente una comprobación que no debería dejarse para el último momento.

La señal que lanzan estas reformas está alineada con la dirección que marca la revisión de la Directiva Eurovignette a nivel europeo: los sistemas de peaje plano están siendo sustituidos por tarifas que penalizan la antigüedad de la flota y premian las tecnologías más limpias. Quienes operen en Bélgica y Países Bajos tienen ya poco tiempo para revisar documentación, calcular categorías y actualizar dispositivos. La burocracia no espera al camión que va a destiempo.

Carlos Zubialde

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