La cooperativa valenciana Consum ha anunciado una inversión de 100 millones de euros para ampliar su capacidad logística en la Zona Franca de Barcelona, donde habilitará una nave de 14.000 metros cuadrados procedente del antiguo fabricante de botellas Vidriera Rovira para destinarla a productos frescos, refrigerados y congelados. La operación amplía las instalaciones que el grupo ya mantiene en la misma ubicación para abastecer a su red catalana, compuesta por 121 establecimientos Consum y 168 Charter, la enseña de franquicias de la cooperativa.
La inversión no responde a una mejora operativa puntual, sino a la presión que genera un plan de crecimiento en Cataluña que contempla la apertura de unos 20 supermercados al año, entre tiendas propias y franquicias. Con ese ritmo, la infraestructura logística existente tiene un horizonte de saturación claro, y adelantarse a ese momento es precisamente lo que justifica el desembolso.
Los números respaldan la apuesta. Cataluña cerró 2025 como el segundo mercado del grupo, con unas ventas de 1.184 millones de euros entre Consum y Charter, lo que representa un crecimiento del 10,5% respecto al año anterior, según sus propias cifras. La cooperativa ostenta una cuota de mercado del 7,2%, que la sitúa como quinto operador de distribución alimentaria en la región, en un mercado que su propio director general, Antonio Rodríguez, ha calificado como el de mayor competitividad entre cadenas de gran distribución en España. Cataluña concentra cerca del 24% de los ingresos totales del grupo y emplea a 5.000 personas en la red catalana.
La ampliación en Zona Franca es, en todo caso, una solución provisional a medio plazo. El proyecto logístico de mayor alcance que Consum tiene previsto para Cataluña se ubica en Montcada i Reixac, con una superficie proyectada de 400.000 metros cuadrados y una inversión mínima estimada en 150 millones de euros, aunque por el momento solo se han presentado proyectos de desarrollo preliminares. La plataforma de Zona Franca cubre el intervalo hasta que esa instalación sea operativa.
Para el entorno logístico barcelonés, el movimiento de Consum confirma una tendencia que no ha hecho sino acelerarse en los últimos años: la gran distribución alimentaria sigue apostando por infraestructura propia y de proximidad, ya que la dependencia de operadores externos en categorías de temperatura controlada tiene un coste operativo y de servicio que las cadenas con volumen suficiente prefieren internalizar. Un almacén de frescos y congelados bajo gestión propia, pegado a los puntos de venta, permite tiempos de reposición más ajustados y un control de la cadena de frío que resulta difícil de externalizar con la misma eficiencia.
Carlos Zubialde





