Rusia decretó el pasado 8 de julio la prohibición total de exportar diésel hasta el 31 de julio, una medida defensiva adoptada tras semanas de ataques ucranianos contra su infraestructura de refino que han dejado fuera de servicio cerca del 60% de su capacidad de refinado, según estimaciones de consultoras energéticas recogidas por Reuters. La decisión ha añadido presión a un mercado europeo que ya llegaba a este verano con las reservas de gasóleo en mínimos de varios años.
El impacto se ha trasladado con rapidez a los indicadores de referencia del mercado. El margen de refino de gasóleo en Europa alcanzó los 70,3 dólares por barril el pasado 13 de julio, su nivel más alto desde marzo, según datos de Platts recogidos por S&P Global. En Francia, el precio internacional del gasóleo pasó de 90,29 a 98,72 céntimos de euro por litro en apenas una semana, de acuerdo con el informe semanal de la Dirección General de Energía y Clima francesa, con el Brent cotizando en torno a los 72 dólares el barril, una diferencia que refleja hasta qué punto el precio del combustible refinado se ha desacoplado del propio precio del petróleo crudo.
El origen de esta tensión combina varios frentes que se han ido acumulando durante el año. La disrupción del tráfico marítimo por el Estrecho de Ormuz desde el estallido del conflicto entre Israel e Irán ya había convertido a Estados Unidos en el principal proveedor alternativo de gasóleo para Europa y Reino Unido, pero cada barril que Washington redirige ahora hacia Latinoamérica deja de llegar al mercado europeo, en un momento en el que las reservas estadounidenses y las del hub de Ámsterdam-Róterdam-Amberes ya se sitúan por debajo de su media histórica para esta época del año. A este estrechamiento se suma la incertidumbre sobre si China mantendrá en agosto la relajación de sus restricciones a la exportación de combustible que aplicó en julio, lo que limitaría otra vía de suministro alternativo desde Asia.
Analistas del sector coinciden en que, a diferencia del petróleo crudo, el mercado de productos refinados como el gasóleo cuenta con muchas menos opciones de mitigación a corto plazo, porque la capacidad global de refino sigue siendo limitada y no permite traducir con rapidez un eventual aumento de la producción de crudo en más gasóleo disponible. Con las reservas del noroeste de Europa reducidas en torno a un 20% desde el inicio de la guerra entre Israel e Irán, el margen de maniobra frente a cualquier nueva disrupción de suministro es prácticamente inexistente.
Para el transporte de mercancías por carretera español, que ya ha encadenado durante este año varias subidas de gasóleo vinculadas a esta misma crisis geopolítica, la novedad de este último episodio no es solo el precio, sino la fragilidad estructural del propio sistema de abastecimiento europeo. Con inventarios en mínimos y sin una vía de suministro alternativa clara hasta que Rusia levante su prohibición a finales de julio, cualquier nuevo incidente en Oriente Medio, en las rutas comerciales rusas o en la política exportadora china podría trasladarse directamente a la disponibilidad de combustible en los surtidores europeos, no solo a su precio.
Carlos Zubialde





