El transporte por carretera en Europa avanza con una contradicción cada vez más evidente. Mientras el número de camiones sigue creciendo para sostener el comercio y la actividad económica, la renovación de las flotas avanza a un ritmo claramente insuficiente. Los últimos datos de ACEA vuelven a poner cifras a una realidad que el sector conoce bien: más vehículos en circulación, pero cada vez más envejecidos y aún dependientes casi en exclusiva del diésel.

A cierre de 2024, las carreteras de la Unión Europea sumaban 6,2 millones de camiones y vehículos comerciales pesados, un 0,9% más que el año anterior. Italia, Alemania y Polonia concentran casi la mitad de esta flota, lo que convierte a estos mercados en decisivos para entender la evolución del transporte por carretera en el continente. El crecimiento del parque no sorprende; la demanda de transporte sigue siendo estructural. Lo preocupante es la edad de esos vehículos.

Con una antigüedad media de 14 años, los camiones se han convertido en el segmento más envejecido de todo el parque móvil europeo. La brecha entre países es significativa y refleja una Europa del transporte a distintas velocidades. Mientras mercados como Austria, Luxemburgo, Alemania o Francia mantienen flotas relativamente jóvenes, en el sur y en parte del este del continente la realidad es muy distinta. Italia supera los 19 años de antigüedad media y España se sitúa por encima de los 15 años, cifras que evidencian una renovación lenta y desigual.

Este envejecimiento no es solo una cuestión estadística. Tiene impacto directo en emisiones, seguridad vial, eficiencia operativa y costes de mantenimiento. También pone de manifiesto una verdad incómoda: la transición energética del transporte pesado está muy lejos de ser una realidad tangible para la mayoría de los operadores.

El dato es contundente. Más del 96% de los camiones que circulan por Europa siguen funcionando con diésel. La electrificación del transporte pesado apenas ha arrancado y los vehículos eléctricos representan todavía una fracción testimonial del parque. La falta de infraestructura de recarga, los elevados costes de adquisición y las limitaciones operativas convierten, hoy por hoy, al diésel en la única opción viable para buena parte del sector.

En Europa Central y del Este, donde el número de camiones ha crecido con fuerza en la última década, el problema se acentúa. Países como Rumanía o Hungría presentan flotas con una antigüedad superior a la media europea. Lituania es una excepción destacable, demostrando que la renovación es posible incluso en economías más pequeñas cuando existen condiciones de mercado favorables y acceso a financiación.

El mensaje de fondo es claro: el transporte por carretera europeo afronta un doble desafío. Por un lado, debe seguir creciendo para responder a la demanda logística. Por otro, necesita renovar su flota a una velocidad muy superior a la actual si quiere alinearse con los objetivos climáticos y regulatorios de la Unión Europea.

Sin incentivos reales, estabilidad normativa y una infraestructura adecuada, la transición seguirá siendo más un discurso que una realidad operativa. Los datos de ACEA apuntan a que el reto no es tecnológico, sino económico. Y en ese equilibrio entre ambición climática y viabilidad financiera se jugará buena parte del futuro del transporte por carretera en Europa durante la próxima década.

Carlos Zubialde

contacto@informacionlogistica.com