El acuerdo por el que un consorcio formado por Advent International, A&R Investments, FedEx Corporation y PPF Group ha pactado la adquisición de InPost a un precio de 15,60 euros por acción va mucho más allá de una operación financiera relevante. Para el sector del transporte, y especialmente para la última milla en Europa, el movimiento apunta a un cambio de prioridades que llevaba tiempo gestándose y que supone un cambio muy importante sobre este segmento de transporte.

InPost no es solo una red de lockers, ya se aprecia con la compra de Sending en España hace pocos meses; es un modelo operativo que ha conseguido algo que muchos operadores han intentado sin éxito: escalar la entrega out-of-home combinando adopción del consumidor, integración con retailers, eficiencia económica y encaje regulatorio en distintos mercados europeos. Ese conocimiento acumulado, difícilmente reproducible desde cero, es el verdadero activo que entra en el perímetro del consorcio.

Para FedEx, la operación no debe leerse como una inversión financiera oportunista, ya que su interés está en acceder a una infraestructura y, sobre todo, a un saber hacer que acelere su posicionamiento en Europa en un contexto donde la entrega a domicilio presiona márgenes y complica la operativa. El out-of-home se consolida como una vía para ganar eficiencia, reducir costes por intento fallido y adaptarse a ciudades cada vez más restrictivas con el reparto tradicional.

El hecho de que Rafał Brzoska mantenga su compromiso al frente del grupo refuerza la idea de continuidad operativa. No se trata de desmantelar un modelo para integrarlo sin más en una gran multinacional, sino de escalarlo con músculo financiero y alcance global. La incógnita no es si veremos lockers con marca FedEx a corto plazo, sino cómo se articulará la convivencia entre una red especializada y un operador global con su propia estructura.

Para las empresas de transporte europeas, este movimiento lanza varias señales claras, y muchas de ellas deberán tomar buena nota. En primer lugar, el out-of-home deja de ser un complemento y pasa a considerarse un activo estratégico. Las valoraciones implícitas en la operación reflejan que la última milla alternativa ya no es una apuesta experimental, aunque los mercados públicos todavía no siempre lo reconozcan.

En segundo lugar, el crecimiento de redes de lockers en Europa occidental previsiblemente se acelerará. El respaldo de un consorcio con experiencia financiera, industrial y logística cambia la ecuación de inversión y reduce barreras que hasta ahora frenaban la expansión en determinados países.

En tercer lugar, la operación anticipa un escenario de mayor consolidación. Operadores medianos, redes locales y soluciones out-of-home independientes pueden convertirse en objetivos de adquisición o verse empujados a alianzas estratégicas para no quedar fuera de un mercado cada vez más integrado.

Todo ello no elimina los desafíos existentes, porque la regulación urbana, la gestión de picos de demanda, la saturación de ubicaciones y la integración con los sistemas de los retailers siguen siendo puntos críticos. La diferencia es que, con el respaldo de FedEx y el resto del consorcio, InPost dispone ahora de más margen para afrontarlos sin comprometer su modelo.

Para el sector del transporte, la lectura es clara: lo que ya se venía diciendo termina por cristalizarse, y es que la última milla europea entra en una fase donde la escala, la eficiencia y el control de activos out-of-home serán determinantes, estratégicos. Empresas como InPost han demostrado que el modelo funciona y que es posiblemente el futuro que puede evitar el colapso del sistema de distribución de envíos de ecommerce. La entrada de FedEx sugiere que el siguiente paso no es probarlo, sino decidir quién será capaz de jugar esta partida a gran escala y quién quedará relegado a los márgenes de un mercado cada vez más exigente.

Carlos Zubialde

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