El transporte frigorífico continúa dando señales de movimiento en un contexto donde la escala, la capilaridad y el control operativo se han convertido en factores decisivos. La compra de Haya Logística por parte de Molinero Logística se enmarca en esa dinámica de consolidación que empieza a definir el mapa del frío en España.
La operación, anunciada por la propia dirección de Molinero, supone la incorporación de una estructura joven pero ya desplegada a nivel nacional. Haya Logística, creada en julio de 2025, había logrado en pocos meses presencia en las principales capitales de la península y cobertura nacional desde diciembre, centrada en la distribución capilar de productos congelados y refrigerados. Un crecimiento acelerado que ahora queda integrado en una red con mayor trayectoria y mayor capacidad operativa.
Más allá del movimiento corporativo, la operación responde a una lógica que se repite cada vez con más frecuencia en el sector. El transporte frigorífico se mueve en un equilibrio delicado entre la necesidad de llegar al último punto de entrega y la presión constante sobre los costes. La última milla en frío exige densidad, regularidad y una estructura que no siempre es viable construir de forma orgánica, especialmente en plazos cortos. La compra de operadores especializados permite ganar cobertura inmediata, aunque no está exenta de riesgos.
Para Molinero, con base en Ólvega y una actividad consolidada en el transporte de productos perecederos a temperatura controlada en España, Portugal y el norte de Europa, la integración de Haya refuerza su presencia en el tramo final de la cadena. Se trata de un segmento con una operativa muy distinta al largo recorrido, más fragmentada, más intensiva en gestión diaria y con menor margen de error.
Este tipo de adquisiciones plantea retos que van más allá del tamaño. Integrar una red capilar implica alinear procesos, sistemas de información, estándares de servicio y criterios operativos. En el frío, cualquier desajuste tiene consecuencias inmediatas, tanto en la calidad del producto como en la relación con el cliente. La consolidación aporta músculo, pero también introduce complejidad.
El sector parece asumir que el crecimiento futuro pasa menos por sumar flota y más por controlar la distribución final. La presión de la gran distribución, la restauración organizada y el e-commerce alimentario obliga a ofrecer cobertura nacional con tiempos cada vez más ajustados. En ese contexto, las operaciones de compra se convierten en una vía rápida para cerrar huecos territoriales y reforzar propuestas de valor más completas.
La adquisición de Haya Logística por parte de Molinero no es un caso aislado, sino una señal más de la fase en la que entra el transporte frigorífico. Un sector que avanza hacia estructuras más concentradas y operadores capaces de cubrir toda la cadena, pero que deberá demostrar que esa concentración se traduce en eficiencia operativa real y no solo en mayor dimensión. Porque en el frío, crecer sin perder el control sigue siendo el verdadero desafío.
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