Cada mañana, antes de que abran las cocinas y se llenen las terrazas, una flota de camiones recorre las ciudades españolas para abastecer bares, restaurantes, hoteles y colegios. Esa logística urbana da servicio a más de 320.000 establecimientos Horeca y está llegando a su límite operativo. El Estudio DUM-H elaborado por FEDIS HORECA es el primero que pone cifras concretas a esa presión, y el diagnóstico que ofrece no deja mucho margen para el optimismo.
El informe dibuja un escenario preocupante: aumento de restricciones urbanas, falta de infraestructuras logísticas y costes crecientes que amenazan la sostenibilidad de la distribución. No es una queja genérica del sector. Es un problema con características muy específicas que lo diferencian de cualquier otro modelo de reparto urbano.
La distribución a hostelería tiene una operativa singular: cada camión realiza entre veinte y veinticinco entregas, con un tiempo medio de unos quince minutos por parada, una entrega promedio de doce cajas por cliente y un peso aproximado de 240 kilos. A eso hay que añadir la logística inversa, porque el alto volumen de envases retornables que maneja este canal obliga a recoger en cada punto lo que se dejó en la entrega anterior. Es un modelo de reparto denso, lento por necesidad y enormemente dependiente del acceso físico a la vía pública.
La falta de homogeneidad legislativa entre ciudades y la carencia de plazas de carga y descarga digitalizadas o libres de ocupación indebida genera sobrecostes masivos y obliga a reordenar rutas constantemente. En el canal Horeca, donde los tiempos de parada son elevados precisamente por la complejidad de la entrega, una ventana de carga de treinta o cuarenta minutos suele ser insuficiente. El resultado es que los camiones circulan más de lo necesario, buscando hueco, consumiendo tiempo y combustible que nadie va a pagar.

Anna Masuet, adjunta de Dirección de FEDIS HORECA, ha subrayado el contraste entre el creciente apoyo que perciben las empresas distribuidoras en las grandes ciudades y el gran desconocimiento municipal de lo que es realmente la distribución a Horeca. Se ha legislado sobre movilidad urbana sin tener en cuenta un sector que mueve una flota de 30.000 camiones en todo el Estado y da empleo a más de 35.000 trabajadores. Las restricciones de acceso, los cambios de horario y las zonas de bajas emisiones se han diseñado pensando en el tráfico privado y en el comercio minorista, no en la operativa específica del reparto a hostelería.
En la Asamblea General 2026 de FEDIS HORECA, celebrada en febrero en Madrid, la complejidad de la DUM-H y la sostenibilidad del modelo de reparto centraron buena parte del debate. Las propuestas que emergen del sector apuntan en dos direcciones: más infraestructura pública específica para el reparto Horeca, con plazas reservadas y digitalizadas, y una mayor colaboración entre administraciones y operadores para diseñar normativas que partan del conocimiento real de cómo funciona esta logística.
Los modelos de distribución urbana basados en micro-hubs aparecen como una línea estratégica para afrontar los retos de movilidad y emisiones, aunque su viabilidad depende de que las ciudades pongan suelo y voluntad encima de la mesa. Sin eso, la innovación tecnológica y la electrificación de flotas resolverán una parte del problema, pero no el fondo: un modelo de reparto que da de comer a España y que opera cada día en condiciones que ninguna regulación urbana ha terminado de entender.
Carlos Zubialde
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