El envío entre particulares ha sido tradicionalmente un terreno muy incómodo para el transporte profesional, para las empresas más tradicionales de transporte. Volúmenes pequeños y no recurrentes no hacen atractivo este tipo de clientes, que dejan escaso margen y una complejidad operativa que no encaja bien con las redes clásicas. En ese espacio, históricamente poco atendido, empiezan a aparecer propuestas que no intentan competir con los operadores tradicionales, sino cubrir un hueco que estos no suelen querer ocupar.

Una de ellas es Sherapps, una startup española que plantea una aproximación distinta al envío de objetos entre particulares. Su modelo se basa en la economía colaborativa: conectar personas que ya viajan a un destino con otras que necesitan enviar o recibir un objeto en ese mismo trayecto. No se crean rutas nuevas ni se despliegan flotas adicionales; se aprovechan desplazamientos ya existentes, y la remuneración es entre las dos partes, el que envía y el que entrega, siendo la plataforma solo una herramienta de conexión entre ambos.

Desde el punto de vista operativo, Sherapps no intenta replicar una red de transporte, sino actuar como una capa de conexión entre oferta y demanda de trayectos, algo más cercano a un marketplace que a un operador logístico al uso.

Hemos podido conocer el planteamiento de primera mano tras reunirnos con Pedro Bernal y Martín González, cofundadores del proyecto. Una de las cuestiones clave de la conversación fue la legalidad del modelo, un aspecto que suele generar dudas en este tipo de plataformas. Según explican, el sistema está diseñado para ajustarse al marco normativo vigente, delimitando claramente qué se puede enviar, cómo se formaliza el acuerdo entre las partes y qué papel juega la plataforma en la operación.

Este enfoque es relevante porque el envío entre particulares ha estado históricamente asociado a soluciones informales o directamente fuera del circuito regulado. Sherapps intenta profesionalizar ese intercambio sin convertirlo en transporte comercial clásico, lo que marca una frontera clara con otros modelos.

El segmento en el que se mueve no es nuevo, pero sí poco desarrollado en España. Las alternativas existentes, como Packlink o Genei, actúan como intermediarios entre el usuario y operadores tradicionales. Su valor está en comparar y contratar servicios ya existentes. Sherapps, en cambio, propone un esquema distinto: no optimiza una red profesional, sino que crea una red paralela basada en trayectos personales.

Desde una perspectiva estratégica, este tipo de plataformas ponen sobre la mesa una pregunta incómoda para el sector. ¿Tiene sentido que determinados envíos sigan intentando encajar en modelos de transporte diseñados para otra escala? Para muchas empresas tradicionales, estos envíos son poco atractivos por coste y complejidad. Para el usuario, sin embargo, la necesidad existe.

El modelo de Sherapps no sustituye al transporte profesional ni pretende hacerlo. Funciona en otro plano, cubriendo casos muy concretos donde la urgencia, el tamaño o el valor del objeto no justifican recurrir a un operador convencional. Su viabilidad dependerá de su capacidad para generar masa crítica, confianza entre usuarios y un equilibrio operativo que evite fricciones.

Más allá del recorrido concreto de la plataforma, su aparición es una señal de algo más amplio. Allí donde el transporte tradicional no encuentra encaje económico, surgen soluciones alternativas que replantean cómo y por qué se mueve un objeto. El reto estará en ver si estas propuestas se consolidan como complemento estable del ecosistema logístico o si quedan limitadas a nichos muy específicos. En cualquier caso, merece la pena observarlas de cerca, porque suelen anticipar cambios que el sector acaba teniendo que asumir.

Carlos Zubialde

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