Durante años, el debate sobre la optimización del transporte urbano ha girado en torno a una idea que nunca termina de materializarse: los taxis, los autobuses y los servicios de VTC que circulan por las ciudades podrían aprovechar sus desplazamientos para transportar también paquetes, reduciendo así el número de vehículos de reparto en circulación y mejorando la eficiencia del sistema. La lógica es impecable sobre el papel, que todo lo aguanta, pero choca con regulaciones, seguros y modelos de negocio que no estaban diseñados para esa hibridación. Ahora una startup francesa llega con la propuesta exactamente inversa: que los camiones de mercancías lleven personas.

Truckly, fundada en Marsella por Marion Choppin y Diana Bajora, se define como la primera plataforma europea de "truckpooling". El modelo es sencillo, el conductor de un camión que ya tiene una ruta programada publica el asiento disponible en la cabina a través de una aplicación, un viajero lo reserva y tanto el conductor como la empresa transportista reciben un ingreso adicional sin modificar su operativa. La plataforma ya ha completado su primer viaje, realizado en un camión eléctrico del Groupe GTY cerca de Clermont-Ferrand a finales de abril, aunque con un carácter más simbólico que comercial.

El argumento económico que Truckly pone sobre la mesa se puede decir que es de interés para un sector bajo presión de costes, ya que los camiones recorren en Europa miles de millones de kilómetros al año con un asiento de cabina vacío que no genera ningún ingreso. La plataforma ofrece incluso una calculadora de rentabilidad para flotas, con precios orientativos similares a los del carpooling convencional.

La idea, sin embargo, no está exenta de potenciales problemas y aspectos que precisan de una cierta aclaración, sobre todo legal. El debate que ha abierto en el sector del transporte francés gira en torno a cuestiones que no tienen respuesta regulatoria clara: quién asume la responsabilidad civil en caso de accidente con un pasajero a bordo, cómo se integra el tiempo de atención al viajero en la jornada laboral del conductor, y si el seguro de mercancías cubre la presencia de un tercero en el vehículo. El medio especializado TRM24 apunta directamente al riesgo de que el conductor pase a ser simultáneamente trabajador del transporte de mercancías y prestador de un servicio de movilidad de pasajeros, dos actividades con marcos regulatorios completamente distintos en suelo francés.

En España, la situación legal tampoco sería la más sencilla para la propuesta que lanza esta startup francesa. La Ley de Ordenación de los Transportes Terrestres (LOTT) establece una separación rígida entre el transporte de mercancías y el de viajeros, que requiere autorizaciones específicas, vehículos homologados para ese uso y, en el caso del transporte público de viajeros, el cumplimiento de requisitos de establecimiento, honorabilidad, capacidad financiera y competencia profesional. Un transportista de mercancías que cobre por llevar un pasajero en su cabina estaría prestando transporte público de viajeros sin la habilitación correspondiente, lo que supone una infracción grave bajo la normativa vigente.

No es la primera vez que alguien intenta este camino. WeTruck, una plataforma similar lanzada hace aproximadamente una década, llegó a operar con varias decenas de empresas de transporte y ofreció precios muy bajos —menos de ocho euros para trayectos de 200 kilómetros—, pero acabó cerrando por problemas económicos pese al interés mediático generado. Truckly llega con mejor tecnología y un contexto de economía de plataformas más maduro, pero los problemas regulatorios y de responsabilidad que hundieron a su predecesora siguen sin estar resueltos porque chocan frontalmente con las regulaciones de cada uno de los disintos paises de la Unión Europea.

Carlos Zubialde

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