Es preciso decir que el arranque de 2026 está dejando una fotografía compleja y poco estable del mercado europeo de transporte de mercancías por carretera. Lejos de una recuperación lineal o predecible, las primeras semanas del año evidencian un entorno marcado por la volatilidad, con fuertes diferencias entre segmentos y un protagonismo creciente del transporte internacional frente a la debilidad relativa de los tráficos nacionales.
El comportamiento errático del mercado spot es uno de los principales indicadores de esta inestabilidad. Tras cerrar 2025 con una actividad contenida, el inicio del nuevo ejercicio ha estado condicionado por movimientos bruscos de precios y por una disponibilidad de capacidad que no siempre responde a la demanda real, especialmente en los corredores internacionales. En contraste, los servicios nacionales mantienen una evolución muy similar a la del mismo periodo del año anterior, sin señales claras de aceleración.
Uno de los factores que explica esta dinámica es la tensión existente entre el mercado spot y los contratos de larga duración. En un contexto de costes operativos elevados —combustible, salarios, financiación y mantenimiento—, los precios pactados en muchos contratos no reflejan la realidad económica actual del transporte. Esta desconexión está limitando la capacidad efectiva disponible en el mercado contractual y empujando volúmenes hacia el segmento spot, incluso cuando los cargadores tratan activamente de evitarlo para no asumir tarifas más elevadas.
La consecuencia directa ha sido una mayor presión sobre el mercado spot durante los meses de diciembre y enero. Servicios que tradicionalmente se cubrían mediante contratos estables han tenido que recurrir a soluciones puntuales por motivos de urgencia o falta de capacidad, contribuyendo a un repunte adicional de los precios en un periodo que, en condiciones normales, debería mostrar mayor contención.
A este escenario se suma un incremento moderado de la demanda de transporte, suficiente para tensionar un sistema que ya opera con márgenes ajustados y con una estructura de capacidad cada vez más frágil. La combinación de contratos desalineados con los costes reales y una demanda ligeramente al alza está amplificando los desequilibrios entre oferta y demanda, especialmente en los flujos internacionales.
Pese a ello, las previsiones a corto plazo apuntan a que febrero volverá a comportarse como un mes de menor actividad en el mercado spot, antes de que la demanda empiece a ganar tracción progresivamente en marzo. La proximidad de la Semana Santa marcará previsiblemente un nuevo punto de inflexión, con niveles de actividad que podrían situarse, como mínimo, en línea con los registrados en el mismo periodo de 2025.
Más allá de las dinámicas puramente operativas, el trasfondo de esta volatilidad es claramente estructural. El transporte europeo refleja de forma directa la incertidumbre geoestratégica en la que se mueve el continente. La redefinición de relaciones comerciales, la pérdida de referencias estables en el comercio internacional y las tensiones internas derivadas de cambios agrarios e industriales están teniendo un impacto real sobre los flujos logísticos.
Europa se enfrenta a un entorno cada vez más fragmentado, en el que las decisiones políticas, comerciales y económicas se trasladan con rapidez a la cadena de suministro. El transporte, como termómetro adelantado de la actividad económica, acusa estas convulsiones antes que otros sectores. El resultado es un mercado más imprevisible, donde la planificación a medio plazo se vuelve compleja y donde la volatilidad deja de ser una anomalía para convertirse en una característica estructural.
El inicio de 2026 no solo confirma la importancia creciente del transporte internacional en el equilibrio del mercado europeo, sino que pone de relieve la fragilidad de un sistema que sigue sin resolver el encaje entre costes, precios y capacidad. Un desafío que, de no abordarse con mayor profundidad, seguirá trasladando la inestabilidad al conjunto de la cadena logística.
Carlos Zubialde
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