Lo que sucede en mercados como el de Estados Unidos, luego termina por llegar a Europa, por lo que hay que tener un foco en lo que sucede al otro lado del Atlántico. UPS ha comenzado a redibujar una parte importante de su modelo de negocio en Estados Unidos, alejándose progresivamente del volumen masivo del comercio electrónico para centrarse en envíos de mayor valor añadido. La decisión no es una cuestión sin importancia, porque implica reducir de forma deliberada su dependencia de Amazon en Estados Unidos, uno de sus principales clientes durante años, y apostar por segmentos como el B2B, la industria, las pequeñas empresas y el transporte sanitario.

El movimiento responde a una realidad que lleva tiempo gestándose. Amazon ha ido internalizando cada vez más su propia logística, especialmente en los trayectos más cortos y cercanos al cliente final. Ese cambio reduce la necesidad de utilizar redes externas para determinadas entregas, algo que obliga a operadores tradicionales como UPS a replantear su posición dentro del ecosistema del comercio electrónico.

La consecuencia directa es que UPS está reduciendo una parte significativa del volumen procedente de Amazon. Según ha explicado la propia compañía, el ajuste supone dejar de gestionar alrededor de 5.000 millones de dólares en ingresos asociados a ese cliente y cerca de dos millones de paquetes diarios. No se trata de una ruptura total, Amazon seguirá siendo un cliente relevante, especialmente en operaciones como devoluciones o envíos gestionados a través de vendedores externos de su marketplace, pero sí de una redefinición del equilibrio dentro de la red.

El tipo de tráfico que UPS está dejando escapar tiene una característica clara: son envíos situados muy cerca del consumidor final, los envíos B2C, trayectos que Amazon puede absorber fácilmente con su propia infraestructura logística. Para el operador estadounidense, mantener ese volumen dentro de su red integrada ya no resulta tan eficiente desde el punto de vista operativo ni tan atractivo desde el punto de vista económico.

La estrategia pasa ahora por otra dirección, y es que UPS quiere incrementar el valor medio de cada envío, lo que implica trabajar con sectores donde el servicio logístico tiene mayor complejidad o mayor impacto en la actividad del cliente. La logística sanitaria es uno de los ejemplos más evidentes del nuevo target de cliente que quiere la empresa. Transportar medicamentos, muestras médicas o productos sensibles a la temperatura no es comparable con entregar un producto de consumo estándar en un domicilio. El nivel de servicio exigido es distinto y, por tanto, también lo es la disposición del cliente a pagar por él.

Al mismo tiempo, la compañía busca ganar presencia entre pequeñas y medianas empresas y en el tráfico empresarial entre compañías. Este tipo de envíos, aunque no generan los volúmenes masivos del comercio electrónico residencial, tienden a ofrecer mejores márgenes y relaciones comerciales más estables en el tiempo que los que provienen de mercados tan saturados como el del ecommerce.

Pero lo cierto es que esta transición no está siendo sencilla para la propia estructura de UPS. Menos volumen procedente de Amazon significa también ajustes en su red operativa, con lo que eso supone. La empresa ha iniciado procesos de reducción de plantilla, cierre de instalaciones y programas de salida voluntaria para conductores con el objetivo de adaptar la capacidad a la nueva realidad de la demanda, acciones que han sido fuertemente contestadas por los trabajadores de la compañía de transportes. Se calcula que pueden ser despedidos cerca de 20.000 empleados de UPS en el 2026 por este nuevo enfoque.

La lectura de fondo es interesante para el sector logístico en general. Durante más de una década, gran parte del crecimiento de los operadores de paquetería ha estado ligado al auge del comercio electrónico. Sin embargo, ese mismo crecimiento ha traído consigo una presión competitiva enorme, con nuevos operadores especializados y con grandes plataformas desarrollando sus propias redes, al tiempo que los márgenes comerciales se han reducido de forma muy considerable, precisamente por ese volumen y presión de los envíos de comercio electrónico.

Lo que está ocurriendo en Estados Unidos podría anticipar dinámicas similares en otros mercados como el europeo y, por extensión, el español también. Si las grandes plataformas continúan reforzando su logística interna, los operadores tradicionales tendrán que decidir qué tipo de tráfico quieren gestionar y, sobre todo, cuál les resulta realmente rentable.

Europa no es ajena a ese debate. España no es ajena a este debate. El crecimiento del ecommerce sigue siendo fuerte, pero también lo es la presión sobre precios y márgenes. La decisión de UPS apunta a una cuestión que probablemente muchos operadores tendrán que plantearse en los próximos años: si el volumen por sí solo sigue siendo suficiente o si, por el contrario, el futuro del negocio pasa por transportar menos paquetes, pero de mayor valor operativo.

Carlos Zubialde

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