La creciente complejidad de las redes logísticas está obligando a muchas empresas a replantear cómo gestionan el transporte. A medida que aumentan los centros productivos, los operadores implicados y los flujos de mercancía, mantener visibilidad en tiempo real sobre lo que ocurre en la red se convierte en un desafío operativo relevante.
En este contexto, la compañía cárnica Incarlopsa ha puesto en marcha un proyecto de digitalización logística que le permite centralizar la gestión de su transporte en una única plataforma tecnológica. La solución, implantada por la empresa tecnológica Altia, integra la información de toda la operativa de transporte —tanto de la flota propia como de los operadores externos— en un entorno digital único.
Incarlopsa es una empresa familiar con una estructura vertical que abarca desde la producción ganadera hasta la distribución final. Su red industrial se compone de doce plantas ubicadas en Castilla-La Mancha, Castilla y León y Andalucía, lo que implica una operativa logística extensa y distribuida. El crecimiento de la compañía en los últimos años ha incrementado el número de rutas, operadores y movimientos de mercancía, una situación que dificultaba disponer de una visión clara y actualizada de lo que ocurría en el transporte.
La plataforma implantada se basa en un modelo de “control tower”, es decir, un sistema que centraliza la información procedente de distintos sistemas logísticos y permite supervisar las operaciones desde un único entorno digital. En el caso de Incarlopsa, la herramienta consolida los datos generados por su propio sistema de gestión de transporte, los dispositivos GPS instalados en los vehículos y las operaciones realizadas por una quincena de operadores logísticos externos con los que trabaja la compañía.
Uno de los aspectos más relevantes del proyecto ha sido precisamente la integración de todos estos actores. Para ello se ha desarrollado una conexión técnica entre los sistemas de gestión de transporte de los distintos operadores y los sistemas internos de la compañía. Además, se ha desplegado una aplicación móvil que permite a los conductores registrar información clave de cada operación, como los horarios de carga y descarga, posibles incidencias durante el trayecto o paradas imprevistas.
Toda esta información se sincroniza con los sistemas ERP de la empresa y permite a los responsables logísticos disponer de una visión completa de cada ruta en tiempo real. En el caso de los transportes refrigerados, el sistema también integra los sensores de temperatura de los camiones, de modo que es posible monitorizar el mantenimiento de la cadena de frío y recibir alertas automáticas si se detecta alguna desviación.
Más allá de la visibilidad del transporte, el proyecto busca mejorar la eficiencia operativa. La centralización de la información reduce la necesidad de llamadas telefónicas o correos para conocer el estado de un envío, facilita la detección de incidencias y permite analizar con mayor precisión el desempeño de los distintos operadores mediante indicadores de rendimiento. También aporta información anticipada a los almacenes de destino, que pueden preparar la recepción de los camiones en función de su hora estimada de llegada y ajustar mejor la asignación de recursos.
La implantación del sistema no ha sido únicamente tecnológica. El proyecto ha requerido también un proceso de acompañamiento y formación con los equipos internos y con los transportistas implicados, un aspecto habitual en este tipo de iniciativas donde la coordinación entre múltiples empresas forma parte del propio desafío.
Tras completar esta primera fase, Incarlopsa y Altia trabajan ya en nuevas líneas de desarrollo. Entre ellas se encuentra la digitalización completa de la documentación de transporte mediante la implantación de la carta de porte electrónica e-CMR, así como herramientas para medir la huella de carbono asociada a cada trayecto.
La experiencia refleja una tendencia cada vez más visible en el sector agroalimentario: cuando las operaciones crecen y la red logística se diversifica, la visibilidad sobre el transporte deja de ser un aspecto meramente tecnológico y pasa a convertirse en una cuestión de gestión. Para muchas empresas, el reto ya no es solo mover mercancía, sino entender con precisión qué está ocurriendo en cada momento dentro de su propia red logística.
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