La escalada de tensión en Oriente Medio vuelve a trasladarse con rapidez a la economía real, y el transporte por carretera es uno de los primeros sectores en notar sus efectos. El aumento acelerado del precio del combustible en los últimos días ha llevado al Comité Nacional del Transporte por Carretera (CNTC) a solicitar al Ministerio de Transportes la adopción de medidas urgentes para contener el impacto económico sobre las empresas del sector.
Con ese telón de fondo, el ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, ha mantenido una reunión con el Departamento de Mercancías del CNTC en la que también han participado responsables del ministerio y del equipo de la Dirección General de Transporte Terrestre. El encuentro se convocó para analizar la situación creada tras el repunte del precio del combustible provocado por el conflicto entre Estados Unidos e Irán y estudiar posibles respuestas por parte del Gobierno.
El incremento del coste energético se ha producido en un periodo muy corto de tiempo, en apenas unos días. El precio del gasóleo ha registrado subidas significativas que afectan directamente a la estructura de costes de las empresas de transporte, una actividad donde el combustible sigue siendo uno de los principales componentes del gasto operativo.
Desde el CNTC se trasladó al ministerio la preocupación existente dentro del sector. Según las organizaciones representadas en el comité, el aumento continuado del precio del carburante está generando una presión financiera considerable sobre las empresas, muchas de ellas de pequeño tamaño o autónomos, que operan con márgenes muy ajustados y con escasa capacidad para absorber incrementos bruscos de costes.
Durante la reunión se planteó la necesidad de adoptar medidas similares a las que se aprobaron en 2022 tras la crisis energética desencadenada por la invasión de Ucrania. Entre las propuestas trasladadas al ministerio se incluye una bonificación mínima de 25 céntimos por litro de combustible —extensible también a otros carburantes como el gas— así como ayudas directas para las empresas de transporte, en función del tipo de vehículo.
El planteamiento presentado por el CNTC contempla apoyos de al menos 1.500 euros por camión o vehículo pesado y de 750 euros para vehículos ligeros utilizados en actividades de transporte. Junto a estas medidas, el sector propone revisar el peso del combustible dentro del índice oficial de costes del transporte, incrementando su referencia para reflejar con mayor precisión la importancia real que tiene el carburante en la estructura económica de la actividad.
Otra de las peticiones planteadas al ministerio es la investigación de las causas que han provocado el incremento del precio del combustible en un periodo tan corto de tiempo y con una evolución prácticamente uniforme en el mercado. El objetivo sería determinar si existen factores adicionales, más allá de la situación geopolítica, que estén influyendo en la formación de precios.
El debate no se limita únicamente a las medidas públicas. El sector también insiste en la necesidad de que el conjunto de la cadena de transporte asuma parte del impacto económico, especialmente a través de la aplicación efectiva de los mecanismos de revisión del precio del transporte ligados al coste del combustible. La normativa aprobada en 2022 contempla herramientas para actualizar automáticamente las tarifas cuando se producen variaciones en el precio del gasóleo, pero su aplicación práctica sigue generando fricciones en algunos casos.
Por parte del ministerio, el compromiso trasladado tras la reunión es analizar las propuestas planteadas y valorar su posible incorporación a las decisiones que adopte el Gobierno en los próximos días.
La preocupación dentro del sector es evidente porque las empresas de transporte ya han vivido en los últimos años varios episodios de volatilidad energética que han puesto a prueba su estabilidad económica. Cada nueva crisis internacional vuelve a recordar hasta qué punto una actividad esencial para el funcionamiento de la economía depende de un factor tan externo como el precio de la energía. La cuestión que vuelve a plantearse es si el sistema está preparado para absorber estos impactos o si seguirá reaccionando siempre cuando la crisis ya está en marcha.
Carlos Zubialde
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