El sector de los operadores logísticos en España cerró 2025 con un volumen de negocio de 7.100 millones de euros, lo que supone un crecimiento del 4,4% respecto al año anterior, según los datos del Observatorio Sectorial DBK de INFORMA, filial de Cesce. La cifra confirma que el mercado mantiene su tendencia expansiva, pero la lectura más relevante no está en el titular, sino en lo que hay detrás: el ritmo se ha moderado, y los motivos apuntan a dos variables que el sector lleva tiempo observando con cautela.
El primero es el enfriamiento del comercio electrónico, cuyo empuje extraordinario de los años pospandemia se ha ido normalizando hasta comportarse como un canal maduro, con crecimientos más contenidos y una presión creciente sobre los márgenes operativos. El segundo es la moderación en la evolución de los precios de los servicios logísticos, es decir, que el crecimiento ya no se apoya tanto en la subida de tarifas como ocurrió en ejercicios anteriores, ya que en este caso el volumen tiene que trabajar más para sostener la facturación.
Dentro de ese total de 7.100 millones, el almacenaje y las operaciones en almacén han tomado la delantera con un avance del 5,1%, hasta los 3.575 millones, aportando por primera vez algo más de la mitad del valor total del mercado. El transporte y la distribución, por su parte, crecieron un 3,7%, hasta los 3.525 millones. La divergencia entre ambas líneas no es menor: refleja que los operadores están ganando más peso en la parte de valor añadido en almacén —manipulación, preparación de pedidos, gestión de stocks— que en el movimiento puro de mercancía, un desplazamiento que responde tanto a la demanda de los cargadores como a la estrategia deliberada de los propios operadores por diversificar ingresos y reducir exposición a la volatilidad del transporte.
Desde el punto de vista de la demanda, la alimentación y bebidas se mantiene como el principal generador de negocio para el sector, concentrando algo más del 40% del mercado. Su peso estructural es comprensible: la cadena de frío, la regularidad de los flujos y la presión sobre los plazos de entrega hacen que los grandes fabricantes y distribuidores de gran consumo sean clientes de alto valor y alta exigencia para los operadores. Junto a este segmento, componentes electrónicos, perfumería y cosmética e industria editorial mostraron también evolución positiva.
El mercado cuenta con unas 235 empresas y un empleo de 44.000 trabajadores, con un ligero aumento impulsado principalmente por la creación de pequeñas compañías especializadas en última milla, un segmento que sigue atrayendo nuevos entrantes a pesar de la dureza operativa y la dificultad para alcanzar rentabilidad sostenida. La concentración del sector, sin embargo, sigue siendo muy pronunciada: las cinco primeras empresas acumulan el 40% del mercado y los diez primeros operadores se aproximan al 60% del total, una estructura que hace años que tiende a consolidarse y que deja poco margen para los operadores medianos que no consiguen diferenciarse.
El crecimiento existe, los números lo certifican, y 7.100 millones no es una cifra nada despreciable para un sector que opera con márgenes tan estrechos y costes estructurales cada vez más elevados. Pero la desaceleración, combinada con la moderación de precios y el enfriamiento del e-commerce, dibuja un escenario en el que crecer en volumen ya no es suficiente si no va acompañado de una mejora real en la calidad del servicio y en la capacidad de retener a los clientes más rentables.
Carlos Zubialde




