Adif y el Centro Español de Logística han suscrito un protocolo de colaboración de dos años para fomentar el uso del ferrocarril en las cadenas de suministro, con el foco puesto no tanto en quienes ya operan en el modo ferroviario sino en los cargadores y operadores logísticos que aún no lo hacen. El acuerdo se articula a través de la Oficina del Comisionado del Corredor Atlántico, lo que sitúa geográficamente buena parte del impulso en el eje que conecta la fachada atlántica de la Península con el resto de Europa.
La iniciativa más concreta que sale de este acuerdo es un grupo de trabajo conjunto con la Plataforma Tecnológica Ferroviaria Española, integrado por operadores, cargadores y responsables de cadena de suministro de distintos sectores. El grupo elaborará un informe estratégico anual con propuestas operativas, cuyas conclusiones se presentarán en el Foro Protagonistas del Transporte Ferroviario de Mercancías, previsto para el 12 de noviembre en Madrid, dentro de la feria Logistics & Automation.
El formato del foro no es menor: está diseñado explícitamente para los decisores de carga, es decir, para quienes en una empresa industrial o distribuidora deciden qué modo de transporte contratan. Que el tren mueva actualmente en España alrededor del 4% de las mercancías terrestres, frente a medias europeas que duplican esa cifra, tiene que ver con múltiples factores estructurales, pero también con que muchas empresas nunca han evaluado seriamente la opción ferroviaria porque nadie se la ha puesto encima de la mesa en términos operativos y de coste real.
Desde Adif, su presidente Pedro Marco de la Peña ha fijado el objetivo de alcanzar una cuota del 10% en transporte ferroviario de mercancías para 2030, según ha declarado la propia institución, lo que supone más que doblar la participación actual en menos de cinco años. Es una cifra que el sector conoce bien y que genera tanto expectativa como escepticismo, ya que el camino entre la infraestructura disponible y el uso efectivo de esa infraestructura pasa por cambios en la operativa de las empresas que no se producen solo con voluntad institucional.
El papel del CEL en este esquema es relevante precisamente por eso, ya que su red agrupa a operadores logísticos, cargadores industriales y directores de supply chain que son exactamente el perfil al que hay que convencer. Un acuerdo entre Adif y una asociación sectorial tiene más probabilidad de llegar a esos decisores que una campaña de comunicación institucional.
Lo que está por ver es si el grupo de trabajo consigue traducir el diagnóstico —que existe desde hace años— en propuestas concretas que reduzcan la fricción operativa que hoy aleja a muchas empresas del ferrocarril: ventanas horarias, fiabilidad en los plazos, acceso a terminales y masa crítica mínima para que el coste por tonelada sea competitivo frente al camión.
Carlos Zubialde





