Hay cifras que, por mucho que pase el tiempo, siguen sin poder ser digeridas, como la que acaba de publicar el Ministerio de Trabajo para el primer trimestre de 2026: 27 trabajadores del transporte y la logística han muerto en accidente laboral entre enero y marzo. Dos menos que en el mismo período del año anterior, sí, pero una estadística que ningún profesional del sector debería leer sin que le genere algo más que un gesto de resignación.
El conjunto del sector registró 11.040 accidentes con baja en el trimestre, un 5,31% menos que en los tres primeros meses de 2025. Un descenso que, a primera vista, parece buena noticia, hasta que se mira de cerca qué hay detrás. Porque la caída global se sostiene sobre mejoras en almacenamiento y actividades postales, mientras el transporte propiamente dicho camina en dirección contraria.
El transporte terrestre sumó 5.943 accidentes en el período, un 0,87% más que el año anterior. El marítimo disparó su cifra un 64,55%, y el aéreo creció un 15,84% respecto al mismo tramo de 2024. Que los modos que concentran mayor intensidad operativa sean precisamente los que más empeoran no es una casualidad, ya que ahí es donde se acumulan la presión horaria, la irregularidad de las condiciones y la exigencia física, que son las que terminan pasando factura.
Si miramos las categorias, el de los conductores son los que más accidentes han tenido, con 11.471, un 1,25% más que un año antes, con 33 fallecidos en esta categoría profesional. Son el colectivo más expuesto, el que sostiene la operativa del sector sobre sus hombros, y sus números no mejoran. Cualquier empresa que gestione flota o mueva mercancía sabe que estas personas trabajan bajo una presión brutal.
Los accidentes in itinere (viajes de ida o vuelta desde el domicilio al centro de trabajo) subieron un 8,06% en el sector, por encima del incremento del 6% registrado en el conjunto de la economía española. Un dato que habla de distancias, de turnos que empiezan y terminan a horas en las que el resto duerme, y de una fatiga que se instala antes incluso de llegar al volante o al muelle de carga.
Que las cifras globales bajen ligeramente no debería cerrar el debate, sino mantenerlo abierto. Un sector que registra casi 27 muertos por trimestre tiene pendiente una conversación que va más allá de los datos, y que pasa por las condiciones reales en las que trabaja cada profesional, cada día, en cada ruta.
Carlos Zubialde





