En la mayoría de almacenes logísticos, agosto no es un mes de parada, pero sí de ralentización de las operaciones. Los ritmos bajan, hay menos presión sobre la flota de equipamiento y se abren huecos en la operativa que durante el resto del año sencillamente no existen. Es una ventana estrecha de tiempo, pero muy valiosa si se sabe aprovechar, pese a lo cual muchas empresas la dejan pasar.

El argumento habitual para no hacer ningún tipo de mantenimiento a la maquinaria es que esta sigue funcionando con cierta normalidad. Un transpalet que tira, un apilador que responde, unos carros que aguantan, se da como suficiente, sin tener una visión a mayor plazo que el propio día a día. Mientras no se tenga una avería visible, el mantenimiento se pospone. El problema es que ese aplazamiento es un auténtico riesgo porque en septiembre vuelve la actividad, en octubre llega el pico de preparación de campaña, y en noviembre o diciembre no hay margen para detener nada. Lo que no se revisó en agosto ya no se puede revisar sin coste operativo, porque hacerlo ya en los meses de plena producción, no contar con esa maquinaria, es un coste.

Es una cuestión de planificación, todos los almacenes logísticos tienen temporadas donde parar una máquina una semana es inasumible, y temporadas donde pararla tres días apenas se nota. Agosto pertenece al segundo grupo, mientras que cualquier otro mes del año, con la actividad a pleno rendimiento, el mantenimiento programado compite con la operación.

Zetatrades ofrece a sus clientes un servicio de mantenimiento y reparación de equipamiento logístico e industrial que se adapta a los tiempos de trabajo de cada instalación. No es un servicio de revisiones genéricas, sino de intervenciones planificadas en función de cuándo el equipo puede estar fuera de servicio sin que eso afecte a la producción. En ese sentido, agosto es el mes que más juego da: hay margen para revisar con calma, detectar desgastes que en plena actividad pasan desapercibidos y sustituir piezas antes de que fallen en el momento más inoportuno.

La casuística que se repite es habitualmente la misma: una empresa que lleva meses notando que un equipo no rinde igual no actúa porque no encuentra el momento. Llega el otoño, el equipo falla en plena campaña y entonces sí hay urgencia, pero la urgencia tiene otro precio: reparación de emergencia, tiempo de respuesta más corto, posible paralización de parte de la operativa mientras se resuelve. Todo lo que se habría evitado con una revisión en agosto cuesta ahora bastante más, en dinero y en tiempo.

La flexibilidad en el origen de los recambios es otro factor que convierte agosto en el mes idóneo. Con menos presión operativa, se puede planificar con tiempo qué piezas hacen falta, buscarlas con criterio y no depender de lo que haya disponible en el momento en que la avería ya se ha producido. Zetatrades trabaja tanto con recambios de las marcas con las que opera como con los que aporta el propio cliente cuando el equipamiento es específico, lo que amplía el margen de actuación para prácticamente cualquier tipo de flota.

Agosto pasa rápido, y la siguiente oportunidad de hacer un mantenimiento sin interferir en la producción posiblemente será una fecha en la que se necesite la maquinaria logística a pleno rendimiento. Planificar o dejar que los acontecimientos sucedan sin control es la diferencia entre una empresa que gestiona su equipamiento con criterio, entendiendo el almacén como base fundamental de su negocio, y una que lo gestiona a golpe de avería.

Carlos Zubialde

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