Uber, WeRide y Avomo han obtenido de la DGT la primera autorización de toda la Unión Europea para operar vehículos autónomos de nivel 4 en Madrid, un hito que convierte a la capital española en pionera dentro del marco regulatorio ES-AV que el organismo español ha desarrollado para este tipo de tecnología. El acuerdo prevé que una veintena de unidades del WeRide GXR, un vehículo autónomo de cinco plazas basado en el Farizon SV del grupo Geely, empiecen a recorrer las calles de Madrid para tareas de mapeo antes de que termine 2026, con la previsión de iniciar un servicio comercial con pasajeros a finales de año, aunque todavía con un especialista de seguridad a bordo.
El modelo de negocio que aplica Uber en Madrid resulta relevante para entender el reparto de responsabilidades del proyecto, porque la compañía no desarrolla tecnología de conducción autónoma propia, sino que actúa como plataforma de conexión entre pasajeros y distintos desarrolladores de esta tecnología, con alianzas que incluyen a Waymo, Wayve, Zoox, Nuro y la propia WeRide. En el caso madrileño, el mantenimiento de la flota corresponde a Avomo, la división de vehículos autónomos del grupo Moove Cars, que ya colabora con Uber en ciudades como Atlanta y Austin. Sarfraz Maredia, responsable global de Movilidad Autónoma y Entregas de Uber, ha destacado que la Comunidad de Madrid se está consolidando rápidamente como uno de los entornos más avanzados de Europa para el desarrollo de esta tecnología, mientras Jennifer Li, responsable internacional de WeRide, ha definido a la capital española como una puerta de entrada clave para la expansión europea de la compañía china.
Madrid se convierte así en la cuarta ciudad del plan global que Uber y WeRide anunciaron en septiembre de 2024, tras Abu Dabi, Dubái y Riad, dentro de una meta declarada de alcanzar 15 ciudades antes de 2030 con decenas de miles de vehículos autónomos desplegados en todo el mundo. El paso a operación sin ningún ocupante de seguridad al volante no llegará hasta 2027, siempre que los resultados de las pruebas sean positivos y se cumplan los hitos operativos marcados por la DGT, un calendario que confirma el patrón habitual en el despliegue europeo de esta tecnología, supervisión humana en las primeras fases, seguida de una transición a autonomía plena sujeta a regulación específica que los gobiernos siguen construyendo a un ritmo mucho más lento que el de la propia tecnología.
El precedente europeo más cercano es Zagreb, que en mayo de 2026 se convirtió en la primera ciudad de la Unión Europea con un robotaxi comercial abierto al público, aunque también supervisado, con tecnología de Pony.ai. Londres, por su parte, estrenó ese mismo mes su primer servicio de robotaxi de la mano de Uber y Wayve, igualmente con conductor de seguridad. Lo que distingue al caso madrileño es que se trata de la primera autorización de ámbito nacional para un vehículo de nivel 4, frente al enfoque de pruebas más acotadas que ha predominado hasta ahora en el resto del continente, un matiz que según varios analistas del sector podría dar a España una ventaja competitiva de entre 18 y 24 meses frente a startups y operadores que aterricen más tarde desde Alemania o Reino Unido.
El capital que respalda esta carrera tecnológica confirma la magnitud de la apuesta, con Wayve captando 1.200 millones de dólares en febrero de 2026, Waabi levantando 750 millones en una ronda Serie C más otros 250 millones aportados por Uber, y la propia Uber comprometiendo más de 10.000 millones de dólares en alianzas con desarrolladores de conducción autónoma. Para el sector de la movilidad urbana español, la llegada de los robotaxis a Madrid plantea ya un debate que trasciende lo puramente tecnológico, hasta qué punto la regulación española, hasta ahora pionera en marcar el ritmo de este despliegue, logrará mantenerse a la altura de la velocidad con la que avanza una tecnología que ya compite en escala con los mercados de Estados Unidos y China.
Carlos Zubialde





