El uso del teléfono móvil concentró el 41,3% de las denuncias por distracciones al volante registradas durante la última campaña de vigilancia de la Dirección General de Tráfico (DGT). Entre el 5 y el 11 de octubre, los agentes de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil realizaron 8.584 controles, supervisaron 422.927 vehículos y formularon 9.245 denuncias por distracciones, de las que 3.816 correspondieron al móvil, en la mayoría de los casos por conducir sujetándolo con la mano, una infracción que supone la pérdida de seis puntos del carné.
El resto del balance confirma que las distracciones van mucho más allá del teléfono. Los agentes denunciaron 441 casos de conducción con auriculares o cascos conectados a aparatos de sonido, 421 por no llevar puesto el cinturón, 257 por leer mientras se conducía, 136 por buscar objetos dentro del vehículo y 112 por distracciones provocadas por los ocupantes. Completan la lista 83 conductores sorprendidos comiendo, 70 que utilizaban otros dispositivos de comunicación, 49 por un uso indebido del navegador y 29 que fumaban, además de 1.839 denuncias por otras distracciones. Durante la campaña se detectaron también 931 conductores con presencia de drogas en el organismo.
Para el transporte profesional, estas cifras tienen una lectura propia, porque la cabina de un camión o de una furgoneta de reparto es también un puesto de trabajo en el que el conductor recibe instrucciones, confirma entregas, consulta rutas y atiende llamadas de tráfico, de clientes o de destinatarios. Buena parte de la operativa diaria de la última milla depende hoy de aplicaciones instaladas en el teléfono o en terminales portátiles, y la presión por cumplir horarios de entrega empuja a resolver incidencias sobre la marcha, a menudo sin detener el vehículo.
Esa realidad sitúa una parte de la responsabilidad en la organización del trabajo. Una ruta planificada con tiempos imposibles, un departamento de tráfico que llama al conductor en marcha o una aplicación de entregas que obliga a interactuar con la pantalla para confirmar cada parada multiplican las ocasiones de distracción, y con ellas el riesgo de sanción para el conductor y de siniestro para la empresa. En el reparto urbano, donde las paradas se suceden cada pocos minutos, la tentación de revisar la siguiente dirección mientras se circula es constante.
Las empresas de transporte y los operadores logísticos tienen margen para reducir ese riesgo con medidas al alcance de cualquier flota, como establecer protocolos de comunicación que eviten llamar a los conductores en marcha, configurar las aplicaciones de reparto para que solo puedan manejarse con el vehículo detenido o instalar soportes y sistemas de manos libres homologados. Cada denuncia por usar el móvil supone seis puntos menos para un conductor profesional cuyo carné es su herramienta de trabajo, y en un sector con dificultades crónicas para encontrar conductores, perder a uno por una retirada del permiso tiene un coste que va mucho más allá de la propia multa.
Carlos Zubialde
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