El Ministerio Federal de Transporte alemán ha puesto en marcha la fase de ejecución de su futura red nacional de recarga para camiones eléctricos, un proyecto anunciado el pasado 17 de septiembre que contempla unas 350 ubicaciones y alrededor de 4.200 puntos de recarga distribuidos por la red de autopistas del país. La iniciativa moviliza una inversión pública cercana a los 1.000 millones de euros, con 2.400 cargadores de estándar CCS y 1.800 puntos preparados para el sistema MCS, la tecnología de carga por megavatios pensada para la recarga ultrarrápida de vehículo pesado.

El objetivo que persigue el Gobierno alemán con este despliegue es eliminar uno de los principales obstáculos que frena hoy la adopción del camión eléctrico de largo recorrido, la falta de puntos de recarga de alta potencia en los principales corredores logísticos del país. Sin esa infraestructura, ningún fabricante puede convencer a una flota de que un camión eléctrico resulta viable para rutas de larga distancia, por muy avanzada que sea la autonomía que ofrezca el vehículo. La empresa pública Autobahn GmbH ya adjudicó este verano los primeros contratos para la construcción de la red, lo que confirma que el proyecto ha superado la fase de anuncio y ha entrado en despliegue efectivo.

Con esta apuesta, Alemania se coloca entre los países europeos que más recursos públicos están destinando específicamente a infraestructura de recarga para transporte pesado, un terreno donde el país ya lidera además el primer sistema de pesaje automático para camiones mediante sensores en el asfalto, puesto en marcha este verano en la A4. El contraste con España resulta significativo, porque mientras el sector español del transporte sigue reclamando más ayudas a la compra y una red de recarga todavía muy incipiente, con apenas 24 puntos adaptados para uso exclusivo de vehículo pesado según los últimos datos de Anfac, Berlín ha optado por adelantar la inversión en infraestructura pública antes de que la demanda de camiones eléctricos alcance una masa crítica.

Para el sector del transporte europeo, este tipo de despliegues confirma que la electrificación del vehículo pesado depende tanto de la disponibilidad de modelos competitivos por parte de los fabricantes como de que los Estados asuman directamente el coste de construir la infraestructura energética necesaria, una combinación que hasta ahora solo unos pocos países del continente están abordando con la escala y la rapidez que el propio sector viene reclamando desde hace años.

Carlos Zubialde

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