En la mayoría de almacenes con flota propia de equipamiento, el mantenimiento no es una decisión, suele ser más una reacción, sobre todo cuando se presenta algún problema de funcionamiento. Se revisa más a fondo una carretilla cuando empieza a fallar más de lo habitual, se repara un carro cuando ya no aguanta la carga o se busca un técnico cuando la operación se para porque no funciona la máquina pertinente.
La realidad es que esto no sucede porque los responsables no lo sepan, sino porque la presión diaria del almacén les devora, y cualquier intención de anticiparse para conocer la situación de la maquinaria, es una quimera.
El problema de este modelo no es solo el coste de la reparación en sí, que suele ser mayor cuando la avería ya ha ocurrido, el problema es lo que pasa mientras tanto: personal que tiene que improvisar para continuar su labor, operativas que se ralentizan, cargas que se manipulan con medios que no están en condiciones óptimas, vamos, el día a día en muchos almacenes logísticos.
La lógica del mantenimiento reactivo es comprensible porque las pymes no tienen departamentos técnicos dedicados, y en muchos casos el equipamiento se hereda, se compra por precio o se va renovando sin un criterio sistemático. El mantenimiento pasa a ser responsabilidad de quien más sabe del almacén, que generalmente tiene otras cien cosas que atender. Así se instala una dinámica difícil de romper: actuar cuando ya no queda otra opción, cuando la máquina no funciona.
Lo que cambia cuando se trabaja con un proveedor que también tiene capacidad técnica es precisamente eso, la posibilidad de salir de esa dinámica. No se trata solo de contratar un servicio de revisiones periódicas genéricas, sino de contar con alguien que conoce el equipamiento, sabe cómo se usa en cada instalación y puede anticipar cuándo algo va a dar problemas antes de que los dé. Zetatrades, además de suministrar equipamiento logístico e industrial nuevo y de segunda mano, ofrece a sus clientes servicio de mantenimiento y reparación, tanto de los equipos propios como de maquinaria de otras marcas.
Esa flexibilidad importa mucho más de lo que puede parecer. En la práctica, los almacenes logísticos acumulan equipamiento de orígenes y marcas distintas; se compran en momentos diferentes, herencias de proveedores anteriores, soluciones específicas diseñadas para operativas concretas o simplemente, por una actuación de oferta y demanda. No todo tiene el mismo origen ni el mismo ciclo de vida, y un servicio de mantenimiento que solo funcione con equipos propios deja fuera una parte relevante del parque. Poder llevar los recambios o trabajar con los que aporta el propio cliente, como ocurre en operaciones donde el equipamiento es muy específico, amplía considerablemente lo que se puede resolver.
El beneficio económico de este enfoque no requiere que hagamos grandes cálculos, está claro que una reparación planificada cuesta menos que una urgente. Un equipo revisado a tiempo dura más y evita una parada de operación que, aunque sea de pocas horas, puede tener un impacto desproporcionado en el resultado del día.
Lo que pocas empresas se detienen a analizar es cuánto les cuesta, en realidad, no tener a nadie que les ayude a gestionar ese parque de equipamiento con un mínimo de criterio técnico. No porque sea un gasto insostenible, sino porque nunca ha habido un momento claro para plantearlo. Quizás ese sea el primer paso: no esperar a que algo deje de moverse.
Carlos Zubialde
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