La sensación dominante en los últimos años ha sido que el comercio internacional entraba en una fase de repliegue. Tensiones entre grandes potencias, nuevos aranceles, discursos políticos favorables a la relocalización industrial y advertencias constantes sobre el final de la globalización parecían apuntar en esa dirección. Sin embargo, los datos muestran una realidad bastante más matizada.

El último informe sobre conectividad global elaborado por DHL y la escuela de negocios Stern de la Universidad de Nueva York apunta precisamente a esa contradicción entre el relato político y el comportamiento real de la economía. Pese a la creciente fricción geopolítica, la globalización sigue manteniéndose en niveles históricamente altos.

El estudio sitúa el nivel global de interconexión económica en el 25%, una cifra que se mantiene prácticamente igual que el récord alcanzado en 2022. El indicador mide hasta qué punto las actividades económicas cruzan fronteras en relación con el tamaño de las economías nacionales, y deja claro que, aunque el mundo esté lejos de una integración plena, las relaciones internacionales siguen siendo una pieza central del sistema económico.

La evolución del comercio en 2025 refuerza esta lectura. El intercambio de mercancías creció más rápido que en cualquier otro año desde 2017 si se excluyen las distorsiones provocadas por la pandemia. Parte de ese crecimiento respondió a decisiones tácticas de las empresas: muchas compañías estadounidenses adelantaron importaciones para anticiparse a posibles subidas arancelarias. Después, cuando esas compras se moderaron, las exportaciones chinas hacia otros mercados ayudaron a sostener los volúmenes globales.

Otro elemento que ha impulsado el comercio ha sido la rápida expansión de la infraestructura vinculada a la inteligencia artificial. Equipos informáticos avanzados, componentes electrónicos y otros productos relacionados con esta tecnología concentraron una parte muy relevante del crecimiento del comercio mundial de mercancías durante los primeros meses de 2025.

Las previsiones a medio plazo tampoco apuntan a un frenazo brusco. Incluso con un escenario de mayor proteccionismo comercial en Estados Unidos, el comercio mundial de bienes podría seguir creciendo en torno a un 2,6% anual hasta 2029, una tasa similar a la registrada en la última década.

Una de las razones es bastante simple: la mayor parte del comercio internacional no depende directamente de Estados Unidos. En 2025, alrededor del 13% de las importaciones mundiales tuvieron como destino ese país, mientras que el 9% de las exportaciones salieron de él. El resto de los flujos se articula entre otras economías que, en muchos casos, están intensificando sus acuerdos comerciales para diversificar mercados.

Eso no significa que las tensiones entre Washington y Pekín sean irrelevantes. El informe constata que los vínculos económicos entre ambas potencias siguen debilitándose. El comercio bilateral ha pasado de representar el 3,6% del comercio mundial en 2015 a apenas el 2% en 2025. La inversión empresarial directa entre ambos países es todavía más reducida.

Aun así, ese distanciamiento no ha provocado una fractura general del sistema económico global. Los datos muestran que la mayoría de los países sigue comerciando e invirtiendo con sus socios habituales, y que una parte de los flujos que se alejan de las potencias enfrentadas termina recalando en economías intermedias como India o Vietnam.

Otro indicador interesante es la distancia media que recorren las mercancías. Lejos de reducirse, en 2025 alcanzó un nuevo máximo, superando los 5.000 kilómetros por envío comercial. Los proyectos de inversión empresarial internacional también se distribuyen a distancias cada vez mayores, lo que sugiere que la regionalización, tantas veces anunciada, sigue siendo más una hipótesis que una realidad consolidada.

España aparece en este mapa global en una posición intermedia. El índice de conectividad del informe la sitúa en el puesto 34 entre 180 economías, con un ligero retroceso respecto a años anteriores. Aun así, el patrón de relaciones exteriores mantiene una característica particular: el país funciona como un puente entre Europa y América, especialmente con los mercados latinoamericanos, mientras que Estados Unidos continúa siendo su socio individual más relevante fuera del continente europeo.

La economía global atraviesa un momento de tensión política evidente, pero los flujos reales de comercio, inversión y movilidad siguen mostrando una resistencia notable. Para las empresas logísticas y de transporte, que operan precisamente sobre esos flujos, la conclusión es difícil de ignorar: mientras las mercancías sigan cruzando fronteras a miles de kilómetros de distancia, la globalización no habrá terminado, aunque el debate público insista en lo contrario.

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