El precio del petróleo ha empezado a desinflarse tras la crisis en Oriente Medio, pero esa caída no está llegando al surtidor con la misma velocidad. Según los últimos datos de la International Road Union, el barril de Brent cerró el 3 de julio en 72,49 dólares, ya un 0,7% por debajo de su nivel de referencia previo a la crisis, mientras que el precio medio ponderado del diésel en la Unión Europea subió a 1,766 euros por litro, un 8,1% por encima de ese mismo nivel de referencia.

La explicación de ese desajuste no está en el mercado del crudo, sino en una decisión fiscal que ha coincidido en el tiempo con la desescalada del petróleo, porque Alemania y España dejaron expirar sus principales exenciones fiscales sobre combustibles el pasado 30 de junio, justo cuando el Brent empezaba a normalizarse. El resultado es que el coste de producción del gasóleo baja, pero el precio final que paga el transportista en el surtidor sube, porque el alivio fiscal desaparece antes de que el mercado de productos refinados haya terminado de digerir la caída del crudo.

El propio recorrido del Brent en las últimas semanas confirma que la tensión geopolítica se está disolviendo más rápido de lo que tarda en normalizarse la cadena de suministro física del petróleo. El barril pasó de 75,84 dólares el 25 de junio a 73,50 dólares el 29 de junio, y llegó a caer hasta 71,92 dólares el 2 de julio, antes de repuntar ligeramente hasta los 72,49 dólares del día siguiente. El memorando de entendimiento entre Estados Unidos e Irán del 17 de junio, junto con la exención del Tesoro estadounidense del 22 de junio que facilita legalmente los flujos de crudo iraní hasta el 21 de agosto, explican buena parte de esa relajación de la prima de guerra que el mercado había incorporado al precio.

El balance de junio de la Agencia Internacional de la Energía, sin embargo, obliga a no dar la crisis por cerrada del todo, porque sigue señalando una base de suministro dañada y unos inventarios que todavía no se han reconstruido tras meses de tensión. Es un matiz relevante para cualquier gestor de flota que esté planificando costes de combustible para el segundo semestre, porque el mercado está descontando una normalización más rápida de la que el sistema físico de producción y refino puede sostener realmente.

Para las empresas de transporte, la variable que más pesa a la hora de planificar rutas y repostajes sigue siendo la brecha de precios dentro de la propia Unión Europea, que se mantiene en 0,90 euros por litro entre los mercados más baratos y más caros. Esa diferencia, lejos de reducirse con la caída del crudo, sigue haciendo rentable para muchas flotas internacionales planificar dónde repostar en función del país, una variable puramente fiscal que pesa tanto o más que el propio precio del petróleo en el mercado internacional.

Carlos Zubialde

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