El sector logístico ha cerrado junio con 1.175.628 personas afiliadas a la Seguridad Social, un nuevo máximo histórico que confirma cuatro meses seguidos de crecimiento tras dos ejercicios en los que el empleo del sector apenas se había movido. El avance mensual, un 0,09%, equivale a 1.071 nuevas afiliaciones, una cifra modesta si se mira aislada, pero que cobra otro sentido cuando se compara con junio del año pasado, un 3,59% más, 40.720 personas adicionales trabajando hoy en logística que hace doce meses.
Lo interesante no es tanto el total como su reparto interno, porque no todo el sector crece al mismo ritmo. Almacenamiento y logística concentra buena parte del impulso reciente, mientras que el transporte terrestre registra un ajuste en el mismo periodo, un desequilibrio que encaja con lo que ya se percibe en el día a día operativo, la automatización de almacenes y el empuje del comercio electrónico están generando empleo con más intensidad que la actividad pura de conducción, todavía condicionada por el coste del combustible y por la falta estructural de conductores profesionales.
La estabilidad contractual llama también la atención, ya que más de nueve de cada diez afiliados tienen contrato indefinido, y tres de cada cuatro trabajan a jornada completa. Es un dato que choca con la imagen de precariedad que a veces se asocia al sector, y probablemente responde a algo muy concreto, cuando cuesta encontrar un perfil formado, la empresa prefiere retenerlo con un contrato estable antes que arriesgarse a perderlo frente a la competencia.
El desequilibrio de género sigue siendo el punto que menos se mueve de todo el barómetro, con más de tres cuartas partes de la plantilla masculina frente a algo menos de un cuarto femenina, una proporción que apenas varía respecto a periodos anteriores. El crecimiento sostenido del empleo no está corrigiendo por sí solo ese desequilibrio, lo que sugiere que el problema tiene un origen distinto al simple volumen de contratación, probablemente ligado a cómo se percibe el sector desde fuera y a qué perfiles llegan primero a las ofertas.
El reto de fondo, con todo, no es cuánta gente entra al sector, es qué tipo de perfil entra. La digitalización de almacenes, la automatización de procesos y la presión por operar de forma más sostenible exigen cualificaciones que no siempre coinciden con las que tradicionalmente ha demandado la logística, y ese desajuste no se resuelve solo contratando más, se resuelve formando a quien ya está dentro y atrayendo a quien todavía no ve la logística como una opción profesional atractiva.
La pregunta que le queda a cualquier empresa del sector es si su plan de formación interna avanza al mismo ritmo que la tecnología que está incorporando, o si está construyendo capacidad automatizada sobre una plantilla que aún no tiene la cualificación necesaria para sacarle todo el partido.
Carlos Zubialde




