El precio de los carburantes ha iniciado 2026 con una nueva escalada que vuelve a situar al gasóleo en el centro de la presión sobre los costes del transporte por carretera. En la cuarta semana del año, el litro de gasóleo se ha situado en España en una media de 1,395 euros, lo que supone un incremento del 0,57% respecto a la semana anterior, según los últimos datos del Boletín Petrolero de la Unión Europea.

La gasolina también ha registrado un repunte, alcanzando los 1,446 euros por litro, un 0,41% más que en el registro previo. Aunque ambos combustibles se mantienen todavía lejos de los máximos históricos alcanzados en el verano de 2022, la tendencia alcista vuelve a introducir incertidumbre en un contexto de márgenes ajustados y elevada volatilidad de costes para el sector del transporte.

El repunte de los precios coincide con una nueva subida del crudo. El barril de Brent cotiza por encima de los 68 dólares, frente a los 64 dólares de hace apenas una semana, lo que anticipa que la presión sobre los precios finales podría mantenerse en las próximas semanas si no se produce una corrección en los mercados internacionales.

En el contexto europeo, España continúa presentando precios por debajo de la media comunitaria. El gasóleo se sitúa claramente por debajo del promedio de la Unión Europea, fijado en 1,571 euros por litro, y de la media de la zona euro, que ronda los 1,628 euros. Una situación similar se da en el caso de la gasolina, cuyo precio medio en la UE alcanza los 1,615 euros y en la zona euro se aproxima a los 1,691 euros.

No obstante, la comparación europea no elimina el impacto real sobre las empresas de transporte. Países como Francia, donde el gasóleo se sitúa en 1,658 euros, Portugal con 1,573 euros, Italia con 1,673 euros o Alemania con 1,696 euros, reflejan un entorno de precios elevados que afecta de forma generalizada a la competitividad del transporte por carretera en todo el continente.

En el extremo inferior se encuentra Malta, con el gasóleo más barato de la semana a 1,210 euros por litro, mientras que Finlandia registra el precio más alto, alcanzando los 1,848 euros. Estas diferencias evidencian la disparidad fiscal y de políticas energéticas dentro de la Unión Europea, un factor que sigue condicionando el coste operativo del transporte internacional.

Para el sector, el problema no es tanto el nivel puntual del precio como la falta de estabilidad. La sucesión de pequeñas subidas semanales dificulta la planificación, la repercusión de costes y la negociación de tarifas, especialmente en un mercado donde los contratos de larga duración no siempre reflejan la evolución real del combustible.

Con el gasóleo encadenando nuevas subidas y el crudo al alza, el inicio de 2026 vuelve a poner de relieve la vulnerabilidad estructural del transporte frente a los costes energéticos y la necesidad de mecanismos más eficaces para trasladar estas variaciones a la cadena de valor.

Carlos Zubialde

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