El transporte por carretera en España arrastra en este momento dos problemas que se retroalimentan, ya que mientras espera el desbloqueo de las ayudas de 20 céntimos por litro de combustible prometidas por el Gobierno, la escasez de conductores profesionales ha llegado a un punto en el que hay empresas con vehículos inmovilizados por falta de mano de obra. No por ausencia de carga, no por falta de demanda, sino porque no hay conductor disponible para poner el camión en marcha.

Según FROET, la Federación Regional de Organizaciones y Empresas del Transporte de Murcia, en la Región de Murcia faltan alrededor de 2.000 chóferes, mientras que el déficit alcanza los 30.000 en España y los 500.000 en toda Europa. Murcia no es un caso periférico en este contexto: la región concentra algunas de las flotas de transporte frigorífico más grandes y potentes de la Península, operadores especializados en la distribución de productos hortofrutícolas con alcance europeo que necesitan conductores con perfil internacional y disponibilidad para rutas de larga distancia, precisamente el perfil más difícil de encontrar y retener.

Pedro Díaz, presidente de FROET, ha sido directo al señalar que el combustible supone ya el 40% de los costes de explotación de un vehículo, lo que ha llevado a muchas empresas a una situación límite, y que el Ministerio de Transportes conoce esa realidad porque dispone de los datos del Observatorio de Precios. Con ese coste estructural, la espera de dos meses para recibir una ayuda aprobada por decreto no es un contratiempo administrativo, es una presión de tesorería que algunas empresas no pueden sostener indefinidamente.

La falta de conductores tiene causas que el sector lleva años señalando sin que se hayan resuelto de forma sistémica: la dureza de las condiciones de trabajo, las largas ausencias del hogar, la insuficiencia de áreas de descanso seguras y las deficientes condiciones en los puntos de carga y descarga. La patronal pide a las administraciones que eliminen trabas burocráticas para la contratación de conductores de terceros países, ya que sin esa vía de acceso al mercado laboral el sector acabará colapsando al no poder atender los servicios comprometidos.

El nuevo convenio colectivo firmado este año ha introducido mejoras salariales, pero FROET considera que los ajustes económicos no son suficientes para compensar las condiciones intrínsecas de una profesión que las nuevas generaciones no están eligiendo en los números que el sector necesita. La propuesta de homologar el descanso semanal obligatorio de los conductores de mercancías al de los conductores de autobús, permitiendo mayor conciliación familiar, es una de las medidas que la patronal lleva trasladando a las administraciones sin respuesta concreta hasta ahora.

El resultado práctico de ambas crisis es que el transporte por carretera español está operando en un equilibrio cada vez más tenso: con costes que superan los ingresos en determinadas rutas, con vehículos disponibles que no pueden salir a la carretera y con ayudas aprobadas que no han llegado. Tres variables que, combinadas, no apuntan hacia una estabilización del sector en el corto plazo.

Carlos Zubialde

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