Los datos del Banco de España sobre el ejercicio 2025 ofrecen, por una vez, una lectura relativamente cómoda para el sector del transporte por carretera español, ya que el margen empresarial conjunto alcanzó los 14.457 millones de euros, un 8,21% más que en 2024, y el resultado bruto de explotación creció un 15,58% hasta los 2.485 millones.
La clave está en la brecha entre lo que el sector cobró y lo que pagó. Las ventas totales del año llegaron a 53.365 millones de euros, creciendo a un ritmo del 5,78%, mientras que las compras —combustible, vehículos, mantenimiento, subcontratación— avanzaron un punto por debajo, un 4,91%, hasta los 38.908 millones. No es un diferencial enorme, pero aplicado sobre esa masa de facturación, el efecto en el margen es apreciable. Que el sector haya podido trasladar precios al cliente por encima de lo que le ha subido el coste de aprovisionamiento es, en sí mismo, una novedad relevante para un mercado habituado a absorber las subidas de costes sin poder repercutirlas.
El último trimestre del año fue especialmente intenso, con ventas de 14.226 millones de euros, un 8,49% más que en el mismo período de 2024, y un margen trimestral de 3.683 millones que supera en un 18% el de un año antes. El resultado bruto de explotación de ese trimestre, con 513 millones y un alza del 232% respecto al cuarto trimestre de 2024, es el dato que más llama la atención, aunque su lectura requiere matices: la base de comparación del último trimestre de 2024 era especialmente baja, lo que magnifica el porcentaje de crecimiento.
Hay un elemento que no conviene perder de vista, y es que la masa salarial del sector creció un 6,8% en el año, hasta los 11.971 millones de euros, bastante por encima de la inflación media del período. El sector cerró 2025 con 443.701 trabajadores en 26.797 empresas activas, y el coste laboral ya representa una partida suficientemente grande como para que cualquier ralentización de las ventas o presión en los precios de venta tenga un impacto directo en los márgenes que ahora se consolidan.
Dicho de otro modo, la mejora de 2025 es real y los números del Banco de España la respaldan, pero descansa sobre un equilibrio que depende de que las tarifas se mantengan, de que el combustible no vuelva a dispararse y de que la demanda de transporte aguante el ritmo. Tres condiciones que, visto el entorno geopolítico y normativo actual, no están garantizadas para 2026.
Carlos Zubialde





