Enero ha vuelto a dejar una fotografía preocupante para el transporte de mercancías por carretera en España, con una nueva reducción del número de empresas activas que confirma una tendencia que se arrastra desde hace meses y que empieza a tener efectos estructurales sobre la capacidad del sector. No se trata de un ajuste puntual ni de una oscilación estadística, sino de una salida constante de operadores que, mes a mes, va estrechando la base empresarial del transporte.

A 1 de febrero de 2026 operan en España 151.656 empresas de transporte de mercancías por carretera, según los datos oficiales del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible. Son 1.215 menos que un mes antes, lo que supone un retroceso del 0,79% en apenas treinta días, que suma a lo que ya viene desde el 2025. Detrás de esta cifra global hay movimientos internos que ayudan a entender mejor qué está ocurriendo en el mercado.

El descenso se concentra de forma clara en el transporte público de mercancías, que pierde 1.297 empresas en enero y se sitúa en 96.998 operadores activos. La caída es del 1,32% mensual y afecta tanto a flotas de vehículos pesados como a empresas de transporte ligero. En paralelo, el transporte privado complementario suma 82 nuevas empresas y alcanza las 54.658, un crecimiento modesto que no compensa ni de lejos la pérdida de capacidad en el transporte profesional.

La evolución del transporte ligero es especialmente significativa, llamativa y demuestra la situación tan crítica que se empieza a vivir dentro de este segmento. En un solo mes desaparecen 843 empresas, lo que deja el censo en 35.736, una caída del 2,3%. Son compañías que suelen operar con márgenes muy ajustados, alta dependencia del volumen y una fuerte exposición a los costes laborales y energéticos (combustible), además de padecer ahora mismo también una real falta de mano de obra, en especial de conductores. Su salida del mercado no solo reduce competencia, elimina oferta y vuelve a poner negro sobre blanco la disponibilidad como elemento clave del transpote actual.

En el transporte pesado el ajuste es algo menor en términos porcentuales, pero igualmente relevante. En enero dejan de operar 454 empresas, hasta un total de 61.262, lo que supone un descenso del 0,74%. Aunque muchas de estas empresas cuentan con estructuras algo más consolidadas, el goteo constante refleja que ni siquiera los operadores tradicionales están al margen de la presión económica y regulatoria.

La consecuencia de este proceso va más allá del cierre de empresas. Cada operador que abandona la actividad reduce la disponibilidad real de camiones y furgonetas en el mercado, limita la capacidad de absorción de picos de demanda y aumenta la fragilidad de las cadenas de suministro. A medio plazo, menos empresas significa menos competencia efectiva y una mayor dificultad para responder a incrementos de costes sin trasladarlos al cliente final, cliente que se ve ya en un problema de disponibilidad.

El sector no se está concentrando de forma ordenada, se está adelgazando por desgaste. La pregunta ya no es cuántas empresas más desaparecerán, sino cuánto tiempo puede seguir funcionando la economía con una base de transporte cada vez más estrecha y tensionada, y quién acabará asumiendo el coste operativo de esa pérdida silenciosa de capacidad.

Carlos Zubialde

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