Continúan las malas noticias para el transporte, en este caso, la afectada es la filial francesa de Ziegler Group, que ha entrado en liquidación concursal. Lo cierto es que no es un episodio aislado dentro de un grupo fundado en 1908 y con sede en Bruselas, sino un síntoma de un deterioro más amplio del transporte por carretera en Francia. Con una red internacional de más de 150 delegaciones y actividad en transporte terrestre, marítimo, aéreo y de almacenaje, la compañía ha sido durante años un operador relevante en flujos europeos, incluidos los que conectan el norte de Europa con España y Portugal.
La decisión judicial, confirmada a finales de febrero, afecta a una filial que en pocos meses, sobre todo en el 2025, habría pasado de resultados positivos a pérdidas operativas, con tensiones severas de tesorería. Sobre el terreno, la consecuencia ha sido una reducción drástica de actividad en distintas agencias, caída de volúmenes de grupaje y retrasos en pagos a subcontratistas de la compañía. Cuando una red de estas dimensiones empieza a perder tracción, el problema no es únicamente financiero: es operativo, es estructural.
La división de Ziegles en Francia emplea en torno a 1.200–1.400 trabajadores distribuidos en medio centenar de centros. En la región de Auvernia, instalaciones como Clermont-Ferrand y Montmarault concentran alrededor de 120 empleos directamente afectados por la liquidación concursal. Pero el impacto real va más allá de la plantilla propia, afectará a múltiples pequeñas empresas que han dado servicio al grupo belga durante estos años.
El caso se produce en un contexto sectorial muy complejo. El transporte interior francés ha mostrado signos de retroceso, con descensos de actividad y un incremento sostenido de procedimientos concursales en el sector durante los últimos trimestres. A ello se suma el aumento de costes de explotación entre 2024 y 2025, especialmente en energía, financiación y adaptación de flota, en un entorno donde la capacidad para trasladar esos incrementos al cliente está siendo muy limitada. La presión sobre márgenes no es coyuntural, es estructural, tal y como se vive en casi todos los mercados europeos.
Para España, el deterioro del mercado francés no es una noticia lejana, ya que es el primer socio comercial de nuestro país y el principal corredor terrestre para exportaciones e importaciones hacia el centro y norte de Europa. Una contracción de operadores franceses implica menor capacidad disponible en determinados ejes, mayor dependencia de flotas extranjeras y posibles tensiones en precios y plazos. También puede alterar los equilibrios de retorno, clave para la rentabilidad de muchas rutas internacionales operadas por transportistas españoles.
Además, cuando un operador integrado reduce actividad o reestructura delegaciones, los cargadores se ven obligados a redistribuir volúmenes con urgencia, que es lo que les sucederá a los actuales clientes de Ziegler, generando ineficiencias, renegociaciones apresuradas y, en ocasiones, pérdidas de calidad de servicio. Sin embargo, el escenario sigue abierto y no todas las delegaciones cuentan con alternativas inmediatas. La pregunta no es solo qué ocurrirá con los empleos afectados, sino qué capacidad real tiene el mercado para absorber esa oferta sin deteriorar aún más la rentabilidad media del sector.
El fracaso de Ziegler en Francia plantea una pregunta crítica para el sector: ¿Hasta qué punto las redes de transporte europeas están preparadas para absorber la caída de un operador con presencia relevante sin que repercuta significativamente en la competitividad de los flujos de mercancías? Los responsables de logística y transporte han de revisar sus estructuras de riesgo en rutas internacionales y a ejecutar simulaciones de contingencia que permitan anticipar y amortiguar impactos futuros como los pueden sufrir desde ya quienes trabajaban con Ziegler Group en Francia.
Carlos Zubialde
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