El mercado global de transporte de mercancías cerró 2025 con un valor de 208.100 millones de euros y un crecimiento real del 4,4%, según el último informe de Ti Insight sobre tamaño de mercado. La cifra confirma que el sector ha dejado atrás la excepcionalidad del ciclo pandémico para entrar en una fase de expansión más contenida, donde los grandes volúmenes siguen creciendo, pero a una velocidad que ya no tiene nada que ver con los picos de 2021 y 2022.
El transporte marítimo lideró el crecimiento con una expansión del 4,6%, impulsado por el aumento del comercio internacional, la demanda multimodal y el ecommerce. El aéreo creció un 4,1%, favorecido en buena medida por las conversiones desde marítimo provocadas por las interrupciones en el Mar Rojo y por la decisión de muchos importadores de adelantar cargas ante la expectativa de nuevos aranceles estadounidenses. Las exportaciones de Asia-Pacífico fueron el motor principal en ambos modos, lo que sitúa de nuevo a ese corredor como el eje que marca el pulso del mercado global.
La proyección para 2026 ya es más austera, Ti estima un crecimiento del 2,5%, con el mercado alcanzando los 213.400 millones de euros. La revisión a la baja responde en gran medida al conflicto en Oriente Medio que estalló a finales de febrero, cuyo impacto en la aviación de carga ha sido inmediato y cuantificable: una caída del 22% en la capacidad mundial de carga aérea y una reducción del 39% en las rutas entre Asia y Europa que atraviesan la región. Son números que, para los operadores que trabajan esos corredores, implican decisiones de ruta, tarifas y disponibilidad de espacio que no son fáciles de resolver a corto plazo.
El FMI proyecta un crecimiento del PIB real mundial del 3,1% en 2026, mientras que la Organización Mundial del Comercio prevé un crecimiento del volumen del comercio de mercancías de apenas el 1,9%. Esa divergencia entre actividad económica y comercio físico no es nueva, pero sí apunta a que los factores que han sostenido el crecimiento del flete en los últimos años —relocalización de cadenas de suministro, acumulación de inventarios, adelanto de compras por aranceles— están perdiendo intensidad, ya que no son movimientos que se repitan indefinidamente.
A horizonte de 2030, Ti prevé que el mercado alcance los 233.000 millones de euros, con los transitarios desplazando progresivamente el foco desde el arbitraje de tarifas hacia la tecnología, la sostenibilidad y los servicios de valor añadido. Es una transformación que el sector ya tiene sobre la mesa, pero que la inestabilidad geopolítica actual no facilita precisamente: cuando las rutas cambian cada semana y la capacidad disponible fluctúa con cada nuevo conflicto, la planificación estratégica a cinco años compite en urgencia con la gestión del día a día.
El mercado crece, sí, pero en un entorno donde la turbulencia ya es una condición estructural, no una excepción.
Carlos Zubialde





