El conflicto en Oriente Medio está poniendo a prueba la estabilidad de las cadenas de suministro internacionales, y no solo nos referimos a los relacionados con las materias primas como el petróleo. Las primeras señales ya se están viendo en el comercio electrónico, donde plataformas globales como Shein, Temu, Aliexpress o Amazon han comenzado a advertir a sus clientes de retrasos en los plazos de entrega en varios mercados de la región.
La causa no está en una interrupción de la producción ni en un problema de inventario, sino en el transporte. El cierre del estrecho de Ormuz por parte de Irán y la creciente inseguridad en algunas rutas marítimas y aéreas de la zona han obligado a los operadores logísticos a replantear parte de los itinerarios que conectan Asia con Europa y Oriente Medio, y los efectos ya se reflejan en los tiempos de tránsito.
Según datos que se comparten en distintos medios y foros, las estimaciones de entrega se han ampliado de forma notable. En el caso de Amazon, los envíos a determinados destinos de Oriente Medio han pasado a estimarse en 45 días, diez más que antes del conflicto. Temu ha ampliado sus plazos en cinco días, hasta los veinte, mientras que Shein ha añadido tres días adicionales, situando el tiempo estimado en torno a ocho.
Estas cifras reflejan solo una parte del problema, podemos decir que son la consecuencia del mismo, el resultado final. El impacto real se encuentra en la reorganización de las rutas marítimas que tradicionalmente atraviesan el canal de Suez. Ante el riesgo en la región, numerosos buques están optando por evitar completamente esa zona, lo que obliga a rodear el continente africano para conectar Asia con Europa, y este desvío supone ampliar los trayectos entre tres y cuatro semanas, dependiendo del origen y del destino de la mercancía. En términos operativos, implica más días de navegación, mayor consumo de combustible y una presión adicional sobre la disponibilidad de buques y contenedores.
Desde el sector logístico se insiste en que, pese a las dificultades, no se prevén interrupciones graves en el suministro industrial, por el momento, porque si el conflicto continúa sin resolverse de forma más o menos rápida, el panorama puede ser distinto. Las cadenas de abastecimiento a fábricas y centros productivos se están reorganizando para garantizar la continuidad de los flujos de mercancías, ya que las empresas del sector estaban trabajando en escenarios de riesgo y que la situación no ha cogido a la industria por sorpresa.
Otra cuestión distinta es el impacto en el comercio electrónico internacional, donde los modelos de entrega dependen en gran medida de tiempos de tránsito ajustados y costes logísticos muy controlados. El alargamiento de las rutas y el aumento de los costes de transporte se traducen directamente en envíos más lentos y más caros.
La tensión geopolítica está teniendo además otro efecto inmediato en el mercado logístico: el encarecimiento de los seguros marítimos, algo de lo que poco se habla, pero tiene un brutal impacto. Las primas para operar en zonas cercanas al estrecho de Ormuz han aumentado de forma más que significativa, y, en algunos casos, la cobertura es cada vez más limitada. Algunos aseguradores están endureciendo sus condiciones mientras otros esperan la evolución del conflicto antes de tomar decisiones.
Este incremento de costes se suma a otros factores que afectan al transporte internacional, como el encarecimiento del petróleo y la presión sobre determinadas rutas estratégicas. El resultado es un entorno operativo más complejo para las navieras, los operadores logísticos y las plataformas de comercio electrónico que dependen de flujos constantes entre Asia, Europa y Oriente Medio.
La situación también tiene implicaciones para la logística europea. La interrupción parcial de estas rutas impacta directamente en la actividad portuaria y en la planificación de los tráficos marítimos, algo que ya han reconocido desde el propio Ministerio de Transportes.
Lo que está ocurriendo vuelve a recordar hasta qué punto la logística global depende de corredores geográficos muy concretos. Cuando uno de esos puntos se bloquea o se vuelve inseguro, toda la red de transporte internacional se ve obligada a reorganizarse, con efectos que terminan llegando al consumidor final en forma de retrasos, sobrecostes y menor previsibilidad en las entregas.
Carlos Zubialde
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